lunes, 28 de febrero de 2011

Productos Mágicos para vernos flacas...

Conversando el fin de semana con Vanessa y Andrea, nos reíamos mucho sobre la amplia gama y variedad de productos que ofrece el mercado para ocultar todas las imperfecciones de nuestro cuerpo y vernos bellas, evitando recurrir donde un cirujano.  Lo cierto es que no creo en ninguno de esos productos, pero debo confesar que he caído en la tentación y algunos los he comprado... y por supuesto me ha ido pésimo.  Aquí les cuento mis experiencias.

1.- Las Pantys:  Este producto mágico tiene por objeto aplastarte la barriga, que desaparece misteriosamente, te reafirma los glúteos y te los levanta, haciéndote ver con un cuerpo maravilloso aunque no lo tengas.  Nada mas falso.  Primero que nada, si tienes una barriga protuberante, así la panty te la aplaste, por leyes naturales, esa carne tiene que desplazarse a algún lado de tu cuerpo, el resultado es que si bien no tienes la panza en donde estaba antes de la panty todo el mondongo se desplaza hacia arriba y por supuesto pareces de inmediato un muffin de Starbucks.  Agrégale a esto que te demoras media hora en colocártelas de lo duras que son, entonces, yo que soy pilona, cuando iba al baño, me las lograba bajar sudando y muriendo pero no podía subirlas de nuevo!  Estoy firmemente convencida en que este tipo de pantys le debe funcionar a mi amiga Vane que es flaquita y tiene como 100 gramos que aplastar en la barriga, pero a mí... definitivamente no.

2.- Los batidos bajadores de peso:  He pasado por muchas marcas de éstos, algunos que pasaron a la historia y otros que están teniendo mucho éxito hoy en día.  No pretendo malograrle el negocio a mi amiga Jessica de ninguna manera.  Mi opinión no es general sino básicamente comparto lo que fue mi experiencia personal con el último batido que ingerí.  Debe ser que tengo un karma con todo el tema de las dietas.  Pues compré mi batido y unas pastillas que debían controlarme la ansiedad y estaba firmemente decidida a seguir todas las indicaciones del caso para bajar los kilitos de mas.  Me fue desastroso!  Me vinieron unos mareos y vértigos que no comprendía porqué los tenía, me gasté una fortuna con otorrinos larigónlogos y exámenes, que creo que me hubiera sido mas provechoso usar todo ese dinero y pagarme una lipo.

3.- La faja de látex post embarazo:  Esta era infalible.  Era de un material irrompible, a prueba de balas (en realidad de rollos) ideal para colocar las carnes en su lugar después del embarazo.  Por supuesto corrí al lugar recomendado y compré la bendita faja.  El ponérmela era todo una actividad.  Requería de dos ayudantes al menos para que yo me tirara en la cama sobre la faja, una jalara la faja de cada lado con muuuucha fuerza, hasta lograr que llegue al centro y pueda abrocharse.  A veces se necesitaba a una tercera persona integradora que ayudara a abrocharla.  Después, una o todas las ayudantes, tenían que darme la mano para poder pararme de la cama.  Parecía una barbie.  Pero no de lo regia, sino de la falta de movilidad que tenía en el torso con la faja puesta.  Además tenia dos grandes inconvenientes.  Se me generaban unas "hualdrapas" en la espalda  que emergían por encima de la faja y no había como esconder (Hualdrapas:  dícese de ese amasijo de carnes innecesarias que podemos tener en la espalda o en los brazos cuando estamos subidas de peso) y las teterecas quedaban como colocadas en una bandeja.  Llegaban antes que yo a cualquier lado... quizás como una cuadra antes.  Apuntaban al mundo con un desparpajo poco apropiado para una madre lactante.  Era demasiada exuberancia, mejor dicho, era grotesco.  Y para colmo de males, queridos amigos, el pinche látex me dio una alergia que ni les cuento! y le tuve que quitar a mi hija el desytin del potito y ponérmelo en la panza para recuperarme.

4.- El calzón levanta potos,  he comprado algunos de Leonisa que se veían muy hermosos por el catálogo.  Están nuevecitos y hasta con etiqueta.  El problema del muffin se genera inmediatamente.  Interesadas comuníquense que están a disposición.

5.- Los sostenes oculta tetas, claro, las oculta cuando te lo pones, pero sigues caminando y por lo menos las mías que tienen vida propia y con quienes ya he dejado de discutir, deciden salir a conocer el mundo de inmediato y  termino exhibiendo a dos niñas asomándose por el escote y un sostén que las parte en dos.  espantoso.

Y éstas han sido mis humildes experiencias... básicamente porque no he sucumbido a todas estas propagandas televisivas tipo LLAME YA! que te ofrecen toda clase de artefactos vibradores que puedes colocar en barrigas, glúteos y piernas y te exoneran de horas de gimnasio.  ¿No han visto la reciente propaganda en televisión de un aparato llamado Bio Shaker? que ejercita, acelera, tonifica y elimina...¡jajaja! la verdad es que me he muerto de la risa, no entiendo como una modelo puede salir en televisión promocionando ese producto.... es realmente bochornoso.

¿Quién se anima a compartir sus experiencias?

jueves, 24 de febrero de 2011

Los pelos mas allá de la cabeza

Me pregunto a veces si debí nacer en Francia y andar así por la vida con largas melenas debajo de las axilas y en otras partes del cuerpo, sintiéndome igual sexy y hermosa.  Lo cierto es que ello no fue así.

No tengo idea a quien se le ocurrió esa idea de tener que extirparnos del cuerpo todas las vellosidades posibles en lugar de procurar decorarlas con trenzitas, ganchitos y moños.  Sé que ahora nos suena terrible, pues de tan solo imaginarte esa cantidad de pelos en las piernas, la sensación de asco que nos produce a nosotras mismas y a los hombres, pues no la podemos poner en tela de juicio.  Pero lo cierto es que se trata de un tema cultural.  Y utilizo Francia como ejemplo, porque es el primer pensamiento que se me viene a la mente cuando se trata de imaginarme a mujeres peludas.  A lo mejor estoy exagerando y no es así, pero lo cierto es que tengo una clara imagen de una señora francesa, tía de una amiga mía del colegio, con quien alguna vez fuí a un club de Lima y quedé impactada al ver en cada axila una melena semejante a la barba de un judío ortodoxo y que con tanta desfachatez se sentara a tomar sol con los brazos arriba.  Y peor fue mi espanto cuando bajé la vista y en aquella zona (yo sé que saben a que me refiero), brotaban fuera del bikini, una maraña frondosa que llegaba casi hasta 10 centímetros después de lo cubierto y que estoy segura que al tratarse de zona nunca antes talada, en cualquier momento podría haber estado apta para declararse una reserva nacional protegida, algo así como Pacaya Samiria.  Pero lo cierto es que mientras yo tenía arcadas, la mujer tomaba sol de lo mas feliz.

Deberíamos investigar en internet quien fue la primera mujer que se depiló.  No tengo idea como se le pudo pasar por la mente al ver todos esos pelos colocados en ciertos lugares de nuestro cuerpo por obra del Divino Señor, que mejor estaría sin ellos.  Y en un claro desafío a la naturaleza decidió pasarse una navaja o cualquier otro elemento punzo cortante de efectos similares y eliminarlos de la faz de su cuerpo.

¿Se imaginan a esta mujer adelantada a su época, paseándose por las playas o por los malecones, en faldas o shorts, sin un solo pelo en las piernas?  ¿Que habrían dicho las otras mujeres peludas que la verían caminar?  Mira a esta mujer tan rara que no tiene pelos, el sol le va a hacer daño, si se cae, no tendrá ninguna protección en sus piernas, etc.  ¿En qué momento las demás mujeres asintieron pensando que se veía hermoso y corrieron a hacerse lo mismo?  En realidad no tengo idea.  Pero me queda claro que gracias a ellas, hoy por hoy necesitamos en nuestra casa todo un arsenal de productos:  cera en frío en láminas, cera en caliente para el microondas, cremas depiladoras, depiladores electrónicos, simples rasuradoras, pinzas y por supuesto, múltiples cremas hidratantes para después de la depilación.

Y seamos honestas, aunque coincido plenamente en que se nos ve mejores sin tanto pelo,¡no me van a decir que no es una tortura pasar por estas frecuentes depilaciones!  primero que nada, la mayor parte de los métodos depilatorios duele muchísimo y los que no, como la rasuradora o las cremas depilatorias, no te sacan los vellos de raíz por lo que a los pocos días han vuelto a salir, pero además con una fuerza esplendorosa, ennegrecidos ellos, revitalizados, apuntando de frente sin temores, casi como armas mortales que te pican al solo tacto,  unas crines espantosas pues!  ¿entonces que nos queda?  pues la odiada, temida y a la vez amada cera caliente (la cera en frío la probé y no saca todos los vellos y te deja las piernas pegajosas por un buen tiempo).

No hay nada peor que la cera caliente.  Hay algunas artistas que han aprendido a utilizarla en la intimidad de su hogar.  Probablemente a escondidas del marido, porque no debe haber mayor anticonceptivo que ver a la mujer tirada en la cama y bañada en cera color miel y con una expresión desgarradora de dolor.  Definitivamenre no pertenezco a ese grupo.  No tengo esas habilidades manuales y no me atrevo ni a probarlo, porque me imagino perfectamente sacando pedazos de piel o aquellos vellos que habían sido destinados a quedarse.

Pues yo tengo que ir a una peluquería.  Para que una mujer me embadurne con su cera, haga caso omiso a mis llantos y me pegué un arrancón en el que se me va media vida pero a la vez todo el pelambre que quería eliminar.  Y miren que debo confesar que con los años, la depilación con cera de las piernas, ya no me produce dolor.  Mi piel debe haberse insensibilizado.  Pero no me he atrevido nunca a depilarme con cera las axilas ni el bozo como hacen muchas amigas conocidas.  

La depilación de la línea del bikini, es otro cantar.  El peor de todos.  El mas odiado.  El mas temido.  Y siguen las iluminadas agregándoles variantes a la extirpación de pelos y surge la llamada Depilación Brasilera.  Me imagino que ésta hubiera sido un buen método de tortura en la época de la Inquisición.  Mi única depilación brasilera en la vida, me dejó curada del susto.  Sentir la cera caliente por rincones del cuerpo que creías que no existían son palabras mayores.  Las contorsiones que, sin vergüenza alguna tienes que hacer frente a la señora de la peluquería, ni que decirte.  Te conoce mejor que tu ginecólogo.  y después de todo el dolor que sentiste... el pensar en el momento del arrancón, te saca lágrimas por anticipado.  NO! que dolor! ni cuando di a luz sufrí tanto (Ok debo confesar que fue cesárea y tuve anestesia).  Salí de la peluquería con un extraño andar y la sensación de no poder soportar ni el roce de mi propio calzón de seda.  Me sentía como un pollo desplumado.  En absoluto pude sentirme sexy ni por un momento.

Me quedó claro que no es lo mío...

Pero como nno nací en Francia, debo continuar con la auto tortura y colocarme cera en lugares variados y sonreir ocultando las lágrimas con las que salgo digna de la peluquería para regresar al mes siguiente e incluso abrazar a aquella verduga que se encarga de mi depilación.

martes, 22 de febrero de 2011

Soy gordita y a mucha honra

Recuerdo, mientras mastico un chizito, aquellos días en que tenía cintura, las teterecas en su lugar y podía usar bikini.  Hace unos años, allá cuando andaba en mis veintes y buscaba novio, usaba minifaldas coquetas (siempre me habían dicho que mis buenas piernas eran mi fuerte), algún que otro coqueto escote y por supuesto capturaba miradas y piropos (algunos vergonzosos) a mi paso.

¿Y qué pasó con todo ello?  Pues desapareció.  Se fue desvaneciendo poco a poco y lentamente después de que me casé y abruptamente después que quedé embarazada de mi primera hija.  Debería echarle la culpa a Arturo.  Pero explicaré con mas detalle la historia.

Aquella cintura y aquellas piernas no eran gratuitas.  Requerían de una constante labor de manutención que implicaba cerrar el pico a cada rato cuando delante mío aparecían maravillosos productos alimenticios y otros no tan alimenticios.  Y es que siempre me ha gustado comer.  Lo disfruto.  Saboreo la comida.  Disfruto de cada restaurante nuevo que me recomiendan y de sus platos estrella.  Me gusta mucho todo aquello que engorda.  Todo el reino vegetal en mis comidas está reducido a hojas y champignones.  Detesto el tomate, brócoli, beterrága, rabanitos e incluso la palta en su estado natural.  Por supuesto, amo las pastas en todas sus variantes, las frituras, las carnes muy rojas, los snacks, los quesos grasosos, los postres atiborrados de calorías.  Incluso amo los pringles y los tortees picantes.  Y si de productos naturales se trata, mi fruta preferida es la uva, precisamente aquella que tiene la mayor cantidad de azúcar. 

Yo creo que eso viene de familia.  Si tienes una madre que cocina magnífico, de manera soberbia y que durante tu infancia producía platos majestuosos, pues difícilmente vas a opinar que la comida es solo para alimentarse y no un maravilloso deleite de los sentidos.  Sé que mi amigo Manuel me entiende.  Su familia es como la mía (incluso mas) su vida familiar gira en torno a cada plato de comida que servirán cuando se reúnen.  Pues parecido es lo mío pues. 

Dentro de ese contexto familiar, y considerando la tendencia a engordar que tenía y la presión social que en ese tiempo sí hacía efecto en mi, pues vivía en dietas constantes.  Cuidando los alimentos que ingería.  Tratando de comer hojas con pollo a la plancha, evitando los postres y el arroz combinado con carnes, prefiriendo una pasta con salsa de tomate en lugar de una maravillosa salsa bolognesa.  De esa forma lograba mantener la cintura y las piernas.

Pero conocí a Arturo, quien disfruta mucho de la comida, como yo.  Nuestra primera etapa de casados (la cintura había que mantenerla para verme bien en el vestido de novia) fue en donde empecé a engordar unos kilitos.  Claro, pasábamos mas tiempo en casa y como a él le gustaba cenar de noche, además de luego tomar leche con milo y kekitos, pues yo lo tenía que acompañar como esposa devota que soy.  Entonces también empecé a cenar un poco, cosa que nunca hacía salvo cuando salía a algún restaurant.  Unos 7 kilitos más empezaron a formar parte de mi físico natural, con el correspondiente cambio de talla en los pantalones.  Claro, Arturo también subió lo mismo, pero considerando que él era un flacucho de marras, pues a mi me parece que esos kilitos de mas, lo hacían verse mas varonil y atractivo. 

Cuando me di cuenta que no bajaba esos kilitos de mas, y que mis esfuerzos por bajar tales kilos tampoco eran muy constantes, vino la hecatombe.  Salí embarazada de Miranda y abrí el cofre de Pandora, porque empecé a comer de todo.  Al fin y al cabo, me mentía yo sola, es la única oportunidad en la vida que tendré para comer sin reparos.  Luego bajo los kilos con una súper dieta y ya.  ¡A quién pretendía engañar!  el resultado fue que subi 23 kilos con el embarazo y tenía a mi amigo Javier en la oficina que me decía que era mas fácil saltarme que darme la vuelta.  La cintura desapareció y nunca mas volvió.  Las piernas dejaron de ser sensuales y torneadas para pasar a ser unas piernas gorditas. La panzita nunca regresó a su estado original, pese a que había dado luz y para colmo de males la lactancia hizo que las niñas ya no estuvieran firmes, sino que necesitarán un sostén de mayor soporte (y por supuesto talla).

Contada toda esta historia debo decir claramente que SOY GORDITA.  Pero feliz.  Aunque a veces no tanto.

Y es que la presión social que tenemos las gorditas es demasiada.  Yo debí nacer en la época de Rubens, en que mi cuerpo hubiera sido de modelo profesional y la escuálida ésta de Valeria Mazza hubiera sido mirada con desdén.  Pero nací en época equivocada.  Y hoy para todas las mujeres es importantísimo ser flaca.  Genera soberanos traumas no usar una talla 28, debes tener músculos perfectamente delimitados, la ropa te debe quedar pintada, imposible enseñar un rollito.  Y claro... cuando paro con amigas de estas características y salimos a comer juntas y se piden tres lechugas con ese cuerpazo y yo mi buena pasta con mi abundante tejido graso, pues claro que no me siento feliz.  Me da cargo de conciencia.  Estoy pensando no sólo que dirá mi amiga sobre mi falta de cuidado, sino que el mozo casi que me pone las lechugas a mi y la pasta a mi amiga en una clara indirecta de "señora... eso no debería estar comiendo"  Y si comen tan solo una trufita explican de las miles de horas adicionales que tendrán que ir al gimnasio para poder eliminarla de su cuerpo y yo está claro, odio el gimnasio. Te hacen sentir descuidada e irresponsable.

Me pregunto si las gorditas no podemos sentirnos felices con nuestros cuerpos rollizos y en tanto cuidemos nuestros triglicéridos y demás índices médicos y las rodillas no se nos doblen por el peso, ¿no podemos comer rico sin cargo de conciencia?

Parece ser que en esta sociedad eso no es posible.  Pero me rebelo.  Ya aparecerá la reencarnación de Rubens en esta vida y yo seré la famosa.  Y ustedes queridas escuálidas y flacuchentas amigas... pasarán al olvido.

lunes, 21 de febrero de 2011

Mi dependencia con el café

Entiendo perfectamente que el exceso de café puede afectar el estómago, provocar o acentuar una gastritis, poner los dientes negros y muchos etc.  Pero no puedo dejarlo.  Me declaro abiertamente ADICTA al café.  Necesito un café al levantarme antes de salir de casa.  Llegando a la oficina Lizita se encargará de darme otro muy sabroso en un mug gigantesco, porque eso de tomar un expreso en taza chiquita no me viene bien.  Es como comer una trufita en lugar de una maravillosa porción gigante de torta de chocolate de Capriccio.  Me gusta un jarro grande.  Definitivo. Si tengo alguna reunión durante el día probablemente pediré otro café.  Después de almuerzo es imprescindible el cafecito.  En fin.  Puedo tomar un mínimo de 4 tazas al día.
Es una adicción.  Totalmente adecuada a mis propias necesidades.  Por ejemplo, es clarísimo que si no tomo café en la mañana, mis ojos no se abren del todo.  Eso trae consecuencias, no puedo maquillarlos bien, no vería bien cuando manejo a la oficina, no sabría como dejé vestidas a mis hijas y no podría haber dejado claramente indicado que se cocinará.  Si en la oficina no tomo mi café al empezar, el cerebro no me funciona.  Leo correos electrónicos que no entiendo, olvido quien es mi jefe.  Los encargos urgentes dejan de serlo, mi razonamiento se reduce peligrosamente.  Por el bien de mi puesto de trabajo, ese café es imprescindible.  Es cierto que podría prescindir del café en las reuniones, de hecho a veces lo hago, pero si la reunión es un poco compleja, larga o tediosa, solo un café logra mantenerme alerta y evitar que suelte sandeces o peor aún, que ronque en plena reunión.  Después de almuerzo ni decirlo.  Es mi conexión para ponerme en modo trabajo.  Imprescindible también.  Si tengo sueño el café me despierta, pero si tengo ganas de tomarme un café antes de dormir, pues no me quitará el sueño.  Es un vicio maravilloso, ductil y adaptable a mis necesidades.

Cuando salí embarazada de mi primera hija entré en pánico.  Y no porque imaginaba todas las responsabilidades que se venían por delante.  Para ello estaba perfectamente preparada, tanto psicológicamente como en corazón.  Pero no estaba preparada para dejar el café.  Pues vas donde el ginecólogo y te da una serie de recomendaciones sobre hábitos alimenticios adecuados durante la etapa de gestación (que incluían como 6 claras de huevo al día), pero es un hecho que, así como te pide no fumar (que no era un problema para mi pues odio el cigarro) y no tomar (que se arregló con una copa de vino de vez en cuando y después de los tres meses),  te pide no tomar café.  Eso si que no, le dije.  ¿Qué tanto puede afectar a mi bebé un poco de cafeína? a lo mejor me pateará un poco mas, eso lo puedo soportar.  La verdad es que nunca me quedó claro porque le hace mal, pero como buena abogada que soy, llegamos a una transacción extrajudicial que me permitió tomar UNO y solo un café al día.  Siempre es mejor un mal arreglo que un buen juicio.  Eso me lo aprendí de memoria en la universidad.  Así que empecé a vivir con ello.

La administración de esa magnífica taza durante cada día de la gestación fue todo un arte.  Pero claro que me traía consecuencias.  A veces la usaba para empezar el día y otras para empezar la tarde.  Pero me moría de sueño.  No sé si es psicológico o realmente era la forma silenciosa en que mi organismo protestaba.  Podía caer dormida donde fuera y delante de quien fuera.  De hecho un par de veces me golpeé la frente con el monitor de mi computadora de tanto cabecear.  Y tuve que vivir 9 meses así, con una escasa dosis de café.  ¡Perdón!  ¡mas de 9 meses!  Durante la lactancia también me quitaban el café porque podía quitarle el sueño a la bebe.  Y con tal de que duerma la niña, la adicción mas poderosa en mi persona pudo ser controlada.
Dejé de dar de lactar y retomé el ritmo del café... pero por muy pocos meses... porque por esas cosas del destino que nadie tiene claro, salí inmediatamente embarazada y la sabia naturaleza esta vez me trajo un embarazo en el que no soportaba el café.  Imagínense como se habrá sentido mi mug cuando en lugar de colocarle un humeante café le ponía una sosa agüita de vieja.  Pero no lo soportaba.  Me provocaba náuseas su olor.  Era de locos.  Ni yo lo podía entender.

Bueno, así son las pasiones ¿no?.  Intensas por momentos, odios extremos en otros y como al fin y al cabo las pasiones son adictivas, aquí estoy de nuevo, envuelta en la misma adicción, sin posibilidad alguna de que se vea interrumpida por embarazos, gastroenterólogos o dentistas.  Discúlpame Elika, pero esta partida no la ganarás nunca.

sábado, 19 de febrero de 2011

Tengo un romance

Como comento en mi perfil, me he reencontrado con la lectura.  Estamos viviendo un tórrido romance.  Después de muchos años, tengo mi mesa de noche con 10 libros haciendo cola para que los devore apasionadamente.  Leo de todo. Bueno, casi de todo.  Debo confesar que detesto los libros de autoayuda, de Deepak Chopra y pensamientos profundos.  Con todo respeto al señor Chopra, pero simplemente no somos compatibles.  Y no me interesa si las mujeres son de venus, marte o de donde sea, ni quien se robó mi queso ni necesito una sopa de pollo para el alma.  Simplemente no los soporto. Y creánme que les di una oportunidad en algún momento de mi vida.  Claro está, momentos en que no me hallaba, me encontraba un poco perdida, con agujeros en el corazón y pretendía hallar las respuestas en Mis Zonas Erróneas.  ¡Hasta lo subrayé! Gracias a Dios pasó ese momento, así como también pasó mi respeto por Arjona.  ¡Eso significa que he madurado!
Bueno esta vez me estoy dejando llevar por recomendaciones.  Siempre tengo una pequeña libretita en la cartera y cuando alguien me recomienda un libro lo anoto ahí, para buscarlo en el momento en que me sea posible.  Hasta el momento este método y mi propia intuición me han funcionado bien, avivando este deseo y pasión que me hace aprovechar cada minuto libre (que no son muchos) para acariciar las páginas de mi libro de turno.
Los llevo en la cartera.  Cuando me toca esperar a alguien por cualquier motivo, el libro es mi mejor compañero.  Me distrae y me evita querer agarrar del cuello a la persona desconsiderada que me tiene esperando.
Compartimos libros en la oficina, con algunas amigas que recién inician su relación con la lectura y con otras apasionadas como yo.  Los comentamos, los pasamos de una mano a otra, en alguna de ellas regresan gentilmente forrados con vinifan. Y sigo comprando libros y unos me llevan a desear a otros y me encuentro envuelta pues en esta relación intensa que me tiene muy feliz.
Libros queridos no se pongan celosos de mi blog.  Que lindo es estar enamorada.

viernes, 18 de febrero de 2011

La crisis del servicio doméstico

Participo, administro y tomo decisiones en importantes negocios, de millones de dólares. Tengo que viajar, reunirme con desconocidos y conocidos, elaborar documentos, discutir términos y condiciones.  Nada me estresa.  Eso creía yo.
Resulta que he encontrado el mayor estrés en mi casa, recientemente que entré en crisis de servicio doméstico.
Yo veía desde mi cómoda posición, el sufrimiento de terceros por encontrar ayuda para la casa.  Necesito nana, cocinera, cama adentro, cama afuera, por fin conseguí empleada, no regresó después del domingo.  Miles de frases semejantes llegaban a través de las redes sociales y correos electrónicos de desesperadas amigas.  Yo me sentía privilegiada, tenía a mi Conchito.
Conchito entró a trabajar conmigo hace 6 años, cuando Miranda, mi hija mayor, apenas tenía 5 meses de nacida.  Desde aquel momento, fuímos construyendo una linda relación de confianza, cariño y amistad.  Conchito me enseñó muchísimo (y lo sigue haciendo) puse mi mayor tesoro en sus manos, mis hijas.  Mis hijas la adoran.  Ella es parte de nuestra familia.  Pero Conchito se casó el año pasado y como la mayor parte de las mujeres en este continente, quiere formar su familia y bueno... salió embarazada.  Saltamos de alegría con la noticia pero no nos atrevimos todavía a contarle a mis hijas.  Ellas sabían que cuando Conchito tuviera un bebé nos tendría que dejar, para ocuparse de él.  Así que Conchito y yo decidimos elegir un momento adecuado para revelarles la noticia.  Yo había salido de vacaciones (después de mucho tiempo por 15 días!) y nos íbamos a la playa.  El domingo Conchito vendría a casa y partiría con nosotros a compartir esas maravillosas dos semanitas de vacaciones.  Pero recibí su llamada.  Algo parecía que no iba bien en su embarazo, tenía que quedarse en cama descansando, no sabía por cuanto tiempo necesitaría dicho descanso.  Por supuesto lo principal era su recuperación, así que la mandé inmediatamente a descansar y me fui a la playa sin ayuda.
Y ahi comenzó mi stress.  Tenía esas dos semanas para conseguir alguien que me ayude.  No sabía cuanto tiempo no podría tener a Conchito con nosotros y yo tenía que volver pronto a trabajar.  Puse mensajes desesperados en facebook.  Recibía algunos comentarios, consejos y deseos de buena suerte. Nunca había acudido a una agencia y no me daba muy buena espina hacerlo.  Finalmente a través de un amiga conseguí  a una chica de 18 años para ayudarme.
Es de locos.  En la conversación telefónica que tuve con ella, porque estaba en la playa, me sentía mas nerviosa que en entrevistas de trabajo.  Le vendía la estabilidad de mi familia, la bondad de mi esposo, la buena educación de mis hijas, mi buen humor.  Yo quería que ella sintiera que llegaba a la familia perfecta y eso la motivara a trabajar conmigo.  Finalmente accedió a llegar el domingo a mi casa.  Nuevamente el estrés cuando pasaban los minutos después de la hora que habíamos quedado y no llegaba a casa.  Tuvo su primera salida la semana pasada y mi estrés el lunes temprano cuando no llegaba era de que ya me hubiera plantado y no volviera a la casa.  Les juro que era estrés verdadero. 
Y ahora lo tengo peor.  Resulta que en mi afán de presentarle mi curriculum, me preocupé poco por el de ella.  Entonces no sabe cocinar como me dijo, la casa no está organizada como me gusta tenerla,  los tiempos le quedan cortos, es desordenada,  Lara dice que la persigue, no quieren peinarse.  En fin.  No funciona.  Esta relación no funciona.
Todo esto me lleva a una reflexión.  Realmente considero que nos encontramos en plena evolución en lo que concierne al servicio doméstico.  Antes trabajaban en el servicio doméstico, mujeres que venían de provincias.  Pues creo que cada vez hay menos, lo que significa que se están generando oportunidades en dichas provincias.  Ahora, quien accede a trabajar de esta forma, busca tener una vida propia, por lo que, aún con el esfuerzo que ello significa, prefieren trabajar cama afuera.  También estudian mientras trabajan, por lo que buscan otros caminos y vías de ganarse la vida. Los sueldos han subido considerablemente.  Exigen sus beneficios.  Y debo decir, que a pesar del estrés que se me está generando, que ello me da mucho gusto.Este trabajo de semi esclavitud está llegando a su fin. Y nos tocará a todas acostumbrarnos con algunas alternativas de ayuda.  Quizás automatizaremos ciertos aspectos del trabajo en casa, nos volveremos mas prácticas.  No sé.  Pero todo sea por el crecimiento personal al que todo ser humano tiene derecho.
Y para terminar... mi Conchito ya regresa y su bebé está bien!

¿Y qué hago aquí?

que buena pregunta. ¿Y qué hago aquí?  Pues no tengo la menor idea.  Fue un impulso.  Pero un impulso pensado.  Hace mucho que tenía ganas de escribir.  De hecho tengo un cuaderno al lado de mi cama donde escribo algunas vivencias, básicamente relacionadas con mis hijas.  Mi idea es poder entregarles ese cuaderno cuando sean grandes y que estén llenos de anécdotas y vivencias.  Creo que así nacieron mis ganas de escribir.  Era muy difícil pretender escribir un libro.  De hecho, dispongo de poco tiempo y probablemente del talento necesario para que me lo publiquen.  Así que ... porque no.  Aquí estoy.  Escribiré lo que me provoque.  Cuando pueda y cuando quiera.  Cuando tenga ganas de compartirlo.  A lo mejor a nadie le interese lo que escribo.  Quizás solo a mi Escu.  Pero no importa.  Escribiré.  Y seré feliz.  Que finalmente creo que es lo que busco... seguir siendo feliz.  Aquí estoy simplemente yo.

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