sábado, 17 de noviembre de 2012

Mi vida sin útero

Bueno.  Después de varias citas médicas, ecografías y biopsias, acepté que la mejor opción que tenía delante era que me hicieran una histerectomía.  Uso la palabra médica considerando que aprendí algo nuevo, pero en lenguaje coloquial, básicamente me sacarían el útero.

No crean que fue fácil de procesar.  Eso de que te saquen un pedazo de algo siempre choca, pero además no se trata de la apéndice o de las agmídalas que se las sacan a todo el mundo, se trata nada mas y nada menos del útero, la parte mas representativa de la femineidad, de lo que te diferencia del género masculino (las tetas ya no son diferenciadoras, considerando que veo a varios tetones andando por el mundo, solo que sin sostén). Si pues, me iban a quitar aquel elemento femenino sagrado que me permitió concebir a mis dos bellezas de hijas.

Mi primera preocupación era que ello me podría significar que me den cambios hormonales por adelantado.  En otras palabras que se me adelante la menopausia y me vuelva como este personaje de Carlos Galdós en Caídos del Catre en la radio Estudio 92 que llama a su hijo "Carlos Enriqueeeeee" solo que en mi caso la pobre víctima sería "Arturo Franciscoooooo".  Pero bueno, el doctor me dijo que me dejaría un ovario para que siga produciendo estrógeno y las demás vainas que producen los ovarios.  Soy un poco ignorante en el tema y me costaba imaginar, pensando en el clásico dibujito del útero con las trompas, como quitando el útero que resulta ser la base de todo, me iba a quedar flotando una trompa con el ovario.  Es como tener una cabecita con dos trenzas y desaparecer la cabeza y dejar la trenza flotando. Me imaginaba que en el espacio que dejaba el útero habría un vacío donde se produciría hasta eco.  El doctor me explicó que nada flota en el organismo y que todo se pega y que los espacios libres son tomados inmediatamente por otros órganos que se acomodan.  Así que imagino que a estas alturas mi vejiga se ha acomodado y mis tripas se han despanzurrado en el nuevo espacio proporcionado por mi útero sirviendo de camita para mi solitaria trompa y ovario.

Muy valiente yo fijé la fecha de operación tratando de cuadrarla con algún espacio laboral entre proyecto y proyecto así que el lunes 12 fue el día. Hasta el día anterior no daba señales de nerviosismo, pero bueno, una cosa es entrar a sala de operaciones y salir con una bebe en brazos y otra es entrar a sala de operaciones y dejar a tus dos bebés afuera.  Se me pasaron varias ideas funestas por la cabeza.  Conociendo que no es una operación riesgosa, me preguntaba si no sería la salada que fuera a engrosar las estadísticas de ese 0.01% que se murió en la operación.  Traté de mantener la mente positiva y alejar esos pensamientos y me lancé a la operación.

Poco puedo comentar de la misma ya que lo último que recuerdo es al anestesista,  nunca llegué siquiera a ver a mi doctor. Y cuando desperté llevaba dos horas en la sala de recuperación.  El que si vio a mi doctor fue mi esposo, a quien lo llamaron cuando acabó la operación y le enseñaron al estropajo que era mi útero fuera de mi cuerpo, a quien mi esposo veía por tercera y última vez.  ¿Pesaría como dos kilitos al menos? Le pregunté buscando encontrar algún beneficio colateral en la operación.  Desgraciadamente me dijo que parecía una bolsa vacía como del tamaño de un puño.

Bueno, me encuentro en reposo en mi casita.  Con buen ánimo porque lo mas positivo de esto es que ¡Ya no me va a venir la regla nunca mas!  ¡No más diez días al mes perdidos e inutilizados! ¡No mas stocks de toallas higiénicas, no mas tampones en época de playa, no mas cruzar los dedos en aniversarios!!!!!

En fin... Soy la nueva Claudia sin útero y en reposo absoluto... Arturo Franciscooooooo donde estaaaaaassssss?


viernes, 2 de noviembre de 2012

Distraimientos

¡A quien no le ha pasado algo gracioso o bochornoso, imputable al apuro, al distraimiento o a la fatal combinación de ambos!  Aquí les cuento algunas anécdotas de personas cercanas que me hicieron reir muchísimo.

  • Un día mi mami salió a hacer varias gestiones por Miraflores.  Después de caminar por aquí y por allá, entrar a la Municipalidad y a una y otra tienda, decidió darse un respiro y sentarse a tomar un café. Cuando se cruza de piernas descubre que llevaba andando con un zapato azul y otro negro.  Uno abierto por atrás y otro cerrado.
  • Hace mucho tiempo, cuando los celulares eran muy grandes, salió mi primo de casa apurado, tomó su celular y lo colocó en el bolsillo de su saco.  Cuando llegó a su oficina descubrió que tenía consigo el control remoto.
  • Mi suegra renegaba con lo mal que funcionaba su teléfono inalámbrico.  Esta vez estaba muerto, no sonaba nada, no podía hacer ninguna llamada.  Estaba tratando de marcar un número telefónico en el control remoto.
  • Sale mi mami furiosa del ascensor diciéndome que al parecer se había malogrado y que no quería bajar 7 pisos a pie.  Entro con ella a ver que pasaba.  Había omitido apretar el botón del primer piso.
  • Apurada pues me tocaba hacer el pull al colegio, busqué intensamente mis anteojos para poder irme y no los encontraba por ninguna parte.  Por supuesto empiezo a renegar y mi molestia va en escalada.  Mi hija me miraba confundida.  Tenía los anteojos colocados en la cabeza como vincha.
  • Una amiga llega incómoda a la oficina.  Le pregunto que había pasado y se había olvidado nada menos que de ponerse sostén.
  • Mi cuñado hace muchos años se va de compras a Wong, con su suegro y su niña.  Deja a su niña jugando en una zona de cuidado.  Llega a su casa con las compras y su esposa le pregunta por su hija.  Se la había olvidado en Wong.
¿Alguna anédota que compartir?

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