viernes, 30 de mayo de 2014

Alimentación Neoyorkina

Algo que no me deja de sorprender de la ciudad de Manhattan es la cantidad de restaurants que puedes encontrar por metro cuadrado, restaurants de todo tipo de comida que te puedas imaginar, de diferentes tamaños, formatos, sencillos, medianos, elegantes, de todo.

Este no fue un viaje gourmet ni mucho menos.  A diferencia de muchos viajeros a Nueva York que van con la lista de restaurants recomendados, esa no era nuestra intención en absoluto. El foco era recorrer y aplanar las calles y de paso alimentarnos.  De acuerdo con ello, nuestras experiencias culinarias en este viaje fueron variopintas.

El primer día después de habernos instalado y con mucha hambre y cansancio, caminamos sin rumbo fijo en búsqueda de algo que nos pareciera decente a escasas cuadras del departamento y entramos a un restaurant que se llamaba "Galaxy", simplón, nada elegante, muy limpio y con la vía láctea colgando del techo para hacer honor a su nombre.  Atendido por latinos, el español predominaba en el lugar y tenía una carta larga y variada carta que permitió que unos pidieran pasta y otros hamburguesas.  La verdad que no estuvieron nada mal los ravioles de queso que elegí, pero es el típico restaurant que hubiera pasado al olvido si no fuera por mi buena memoria.

Ese mismo día por la noche, optamos por algo conocido, el Hard Rock Café de Times Square.  la verdad que muy bonito el inmenso local y las hamburguesas que ingerimos estaban bastante bien.

Pasamos también por el típico y conocido Olive Garden, tanto en Times Square como en alguna ciudad de Virginia.  Estuvo bastante bien y la reina de la carta fue la sopa Tuscana, que era verdaderamente buena.

Ruby Tuesday fue otra opción, Carmines, un buen lugar de pastas con excelente relación precio/calidad, algún restaurant italiano cerca de Central Park, cafeterías de museos, entre otros, fueron nuestros típicos lugares de alimentación; outback y long horn, market boston  fueron nuestras opciones, bien gringo el local, con atención personal.  fue pero hay una estrella digna de mención:  Shake Schack.

Shake Schack es un sitio de hamburguesas que tiene varios locales, pero en Manhattan está ubicado en la esquina de la 8th Av con 48th St.   Digamos que como local no vale nada, el Fridays resulta ser un restaurant lujoso a su lado, es una mezcla entre Mc Donalds y Bembos, pero la calidad de sus hamburguesas no tiene comparación con ninguna otra que haya probado en mi vida.



Sus hamburguesas son hechas de carne angus, el tamaño perfecto que puedes comer sin cubiertos, agarrándola con la mano, con alguna salsa deliciosa, en versión doble.  Simplemente el extásis.  Coincidencia absoluta entre los cuatro que era la mejor hamburguesa del mundo mundial.  Tanto así que tres de nuestras comidas fueron en este sitip, haciendo colita, peleando por un sitio libre, compartiendo mesa, esperando que vibre (shake!) el aparatito que te dan para la espera, para recibir esta gloriosa "Double Shake Schack Burguer sin tomate ni pepinillo". Absolutamente recomendable!!!
No dejen de probarla se los pido por favor.  Tan majestuosas que vale la pena el rollito de mas y la semana extra de dieta que tengo que tener en estos momentos.

Si la prueban, me lo cuentan por favor!  

Y OJO, también hay en Washington DC y en Miami!!!

martes, 27 de mayo de 2014

El mini depa de Nueva York

Planeé con mucha dedicación y entusiasmo nuestras vacaciones de mayo en familia.  Habíamos decidido ir a Nueva York y Washington DC, con una parada intermedia en Philadelphia.  No podía mas con la ilusión!

Empecé planeando el hospedaje en Nueva York.  No quería irme muy lejos del centro de Manhattan, pero no encontraba precios de hoteles razonables, realmente de terror; así que por recomendación de una amiga empecé a navegar en airbnb.com a la búsqueda de un departamento que cumpla con las tres B (bueno, bonito y barato).  

Después de una buena mareada, ante la cantidad de opciones que te brinda dicha web, opté finalmente por un departamento, que según se promocionaba, estaba a "walking distance" de Times Square.  

La dirección exacta la recibes una vez que has hecho la reserva y has pagado y bueno, mi elección quedaba en la Calle 48 con la avenida 9na, en el barrio de Hell's Kitchen, así que faltando poco tiempo, nos metimos a navegar a la maravilla de web que es google earth y pude ver hasta la puerta del edificio al que iba.  Un típico edificio antiguo neoyorkino en zona clasemediera.

Las coordinaciones con el propietario sin ningún contratiempo.  Aceptó que entráramos al depa al medio día en lugar de a las 3.  En el depa me esperaría Pablo, quien estaba a cargo de la limpieza del mismo y me daría las llaves y las indicaciones del caso.

Llegamos al depa y reconocimos inmediatamente la calle y el edificio.  El depa realmente chiquito, un solo ambiente, que contaba con todo lo necesario, pero en un área pequeña, un tanto claustrofóbica.  El edificio de escaleras crujientes, ascensor viejo pero con certificados de mantenimiento que te dan tranquilidad.  Teníamos cocina, refri, microondas, cafetera que no usamos, y tostadora que requería que dejes el dedo apretando el botón para que las tostadas se hagan.  Era para 4 pero sólo tenía 3 tazas, aunque si 4 copas de vino.  Había que lavar, secar y guardar porque no había espacio alguno para que los platos se orearan.  La cama de dos plazas cómoda, el sofá cama no tanto, la conexión a internet muy rápida y el aire acondicionado funcionaba perfectamente.  La ubicación no podía ser mejor, restaurants y deli shops por todo lado, Times Square a 4 cuadras, y a dos cuadras la estación de metro mas cercana.  

El día anterior a nuestro arribo, José, el propietario, me pidió que no dijéramos en el edificio que habíamos arrendado el depa, pues habían habido recientemente, quejas en la tv y comentarios negativos sobre este estilo de arrendamiento, así que me pidió discreción y cumplir estrictamente con las normas de convivencia del edificio, lo que acepté, aunque un tanto incómoda, al fin y al cabo habíamos arrendado legalmente dicho depa y tampoco era poco dinero el que pagábamos.

Estábamos ya un par de días instalados y mis hijas y yo habíamos salido a pasear mientras mi esposo se quedaba trabajando en el depa.  Una persona debía llevar un encargo, de lo que advertí a mi esposo.  Tocaron el timbre y bajó Arturo a recoger el encargo, pero cuando subió, despistado como es él, abrió con nuestra llave la puerta de un departamento que se encontraba justo terminando de subir las escaleras.  Se sorprendió al ver un mobiliario distinto y un poco confundido subió un piso adicional creyendo que se había equivocado de piso y así procedió a abrir, efectivamente, otro departamento, pero esta vez el mismo no estaba vacío, una pareja se encontraba en mañanera efervescencia amatoria, en el momento en que este peruano les abrió la puerta de par en par.  Comprenderán que esta vez la sorpresa de Arturo fue mayúscula, que solo atinó a gritar Oh my God!! Y salir corriendo, esta vez al departamento correcto.

¡¡¡Increíble que la llave le hiciera al menos a tres departamentos del edificio!!!

Al otro día, mi buen amigo Lucho venía a buscarnos para pasear, pero omití involuntariamente el darle el número de depa, por lo que se las agenció para entrar al edificio y preguntó a quien vio por el departamento que se alquilaba, hasta que escuchó nuestras voces a través de la puerta y nos encontró al fin.

Era nuestro último día en Nueva York cuando unos golpes a la puerta nos despertaron, abrimos y nos encontramos con unos oficiales, cuatro para ser exacta, que según pude entender eran seguridad del edificio y seguridad de la ciudad (serenazgo gringo???). Nos empezaron a interrogar ante algunas quejas de los vecinos y querían saber si habíamos alquilado el departamento y demás.  Mentí deliberadamente y negué haber arrendado nada y se fueron.  

Molesta por el fastidio de haber tenido que mentir por cubrir al dueño, me metí a la ducha a relajarme cuando me pareció vislumbrar un indeseado perfil que no podía enfocar apropiadamente debido a mi miopía.  Pero mis impulsos y terrores me hicieron reaccionar inmediatamente y pegué un grito y de un brinco salí desesperada del baño, pidiéndole ayuda a mi príncipe, quien me confirmó mi terror, una cucaracha neoyorkina, bien muertecita, yacía en la tina.  

Esa fue la cerezita del pastel... Ni la llave maestra, ni los calatos ni la policía me espantan tanto como una cucaracha, quería tomar un hotel y salir corriendo del sitio, empecé a navegar por internet frenéticamente hasta que respiré profundo y recordando que era mi última noche, tomé a mis hijas y mi cartera, y salí a caminar y hacer un poco de compras, solo para aliviar las penas...

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