martes, 27 de mayo de 2014

El mini depa de Nueva York

Planeé con mucha dedicación y entusiasmo nuestras vacaciones de mayo en familia.  Habíamos decidido ir a Nueva York y Washington DC, con una parada intermedia en Philadelphia.  No podía mas con la ilusión!

Empecé planeando el hospedaje en Nueva York.  No quería irme muy lejos del centro de Manhattan, pero no encontraba precios de hoteles razonables, realmente de terror; así que por recomendación de una amiga empecé a navegar en airbnb.com a la búsqueda de un departamento que cumpla con las tres B (bueno, bonito y barato).  

Después de una buena mareada, ante la cantidad de opciones que te brinda dicha web, opté finalmente por un departamento, que según se promocionaba, estaba a "walking distance" de Times Square.  

La dirección exacta la recibes una vez que has hecho la reserva y has pagado y bueno, mi elección quedaba en la Calle 48 con la avenida 9na, en el barrio de Hell's Kitchen, así que faltando poco tiempo, nos metimos a navegar a la maravilla de web que es google earth y pude ver hasta la puerta del edificio al que iba.  Un típico edificio antiguo neoyorkino en zona clasemediera.

Las coordinaciones con el propietario sin ningún contratiempo.  Aceptó que entráramos al depa al medio día en lugar de a las 3.  En el depa me esperaría Pablo, quien estaba a cargo de la limpieza del mismo y me daría las llaves y las indicaciones del caso.

Llegamos al depa y reconocimos inmediatamente la calle y el edificio.  El depa realmente chiquito, un solo ambiente, que contaba con todo lo necesario, pero en un área pequeña, un tanto claustrofóbica.  El edificio de escaleras crujientes, ascensor viejo pero con certificados de mantenimiento que te dan tranquilidad.  Teníamos cocina, refri, microondas, cafetera que no usamos, y tostadora que requería que dejes el dedo apretando el botón para que las tostadas se hagan.  Era para 4 pero sólo tenía 3 tazas, aunque si 4 copas de vino.  Había que lavar, secar y guardar porque no había espacio alguno para que los platos se orearan.  La cama de dos plazas cómoda, el sofá cama no tanto, la conexión a internet muy rápida y el aire acondicionado funcionaba perfectamente.  La ubicación no podía ser mejor, restaurants y deli shops por todo lado, Times Square a 4 cuadras, y a dos cuadras la estación de metro mas cercana.  

El día anterior a nuestro arribo, José, el propietario, me pidió que no dijéramos en el edificio que habíamos arrendado el depa, pues habían habido recientemente, quejas en la tv y comentarios negativos sobre este estilo de arrendamiento, así que me pidió discreción y cumplir estrictamente con las normas de convivencia del edificio, lo que acepté, aunque un tanto incómoda, al fin y al cabo habíamos arrendado legalmente dicho depa y tampoco era poco dinero el que pagábamos.

Estábamos ya un par de días instalados y mis hijas y yo habíamos salido a pasear mientras mi esposo se quedaba trabajando en el depa.  Una persona debía llevar un encargo, de lo que advertí a mi esposo.  Tocaron el timbre y bajó Arturo a recoger el encargo, pero cuando subió, despistado como es él, abrió con nuestra llave la puerta de un departamento que se encontraba justo terminando de subir las escaleras.  Se sorprendió al ver un mobiliario distinto y un poco confundido subió un piso adicional creyendo que se había equivocado de piso y así procedió a abrir, efectivamente, otro departamento, pero esta vez el mismo no estaba vacío, una pareja se encontraba en mañanera efervescencia amatoria, en el momento en que este peruano les abrió la puerta de par en par.  Comprenderán que esta vez la sorpresa de Arturo fue mayúscula, que solo atinó a gritar Oh my God!! Y salir corriendo, esta vez al departamento correcto.

¡¡¡Increíble que la llave le hiciera al menos a tres departamentos del edificio!!!

Al otro día, mi buen amigo Lucho venía a buscarnos para pasear, pero omití involuntariamente el darle el número de depa, por lo que se las agenció para entrar al edificio y preguntó a quien vio por el departamento que se alquilaba, hasta que escuchó nuestras voces a través de la puerta y nos encontró al fin.

Era nuestro último día en Nueva York cuando unos golpes a la puerta nos despertaron, abrimos y nos encontramos con unos oficiales, cuatro para ser exacta, que según pude entender eran seguridad del edificio y seguridad de la ciudad (serenazgo gringo???). Nos empezaron a interrogar ante algunas quejas de los vecinos y querían saber si habíamos alquilado el departamento y demás.  Mentí deliberadamente y negué haber arrendado nada y se fueron.  

Molesta por el fastidio de haber tenido que mentir por cubrir al dueño, me metí a la ducha a relajarme cuando me pareció vislumbrar un indeseado perfil que no podía enfocar apropiadamente debido a mi miopía.  Pero mis impulsos y terrores me hicieron reaccionar inmediatamente y pegué un grito y de un brinco salí desesperada del baño, pidiéndole ayuda a mi príncipe, quien me confirmó mi terror, una cucaracha neoyorkina, bien muertecita, yacía en la tina.  

Esa fue la cerezita del pastel... Ni la llave maestra, ni los calatos ni la policía me espantan tanto como una cucaracha, quería tomar un hotel y salir corriendo del sitio, empecé a navegar por internet frenéticamente hasta que respiré profundo y recordando que era mi última noche, tomé a mis hijas y mi cartera, y salí a caminar y hacer un poco de compras, solo para aliviar las penas...

2 comentarios:

  1. Yo también encontré una vez un cucaracha en la ducha... pero viva. Felizmente no me dan miedo, solamente un asco terrible. Así que sé que la sensación es muy desagradable.

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  2. Jajaja que buen relato. Ese viaje no te lo olvidaras nunca ! NY es espectacular !!

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