lunes, 23 de mayo de 2011

Discotequeando...


Siempre he pensado que el sentido de ir a una discoteca, más que ir a bailar, es el gilear.  Así tal y como lo oyen.  Las discotecas representaron para mí por mucho tiempo, como aquel lugar de encuentro entre chicos y chicas, donde los ojos no paraban de mirar a todos lados, las sonrisas iban y venían y por supuesto, nacían amistades y romances.  Por supuesto me divertía mucho ese ambiente y me gustaba sobre todo ir en grupos mixtos, (no con galanes, lo divertido era encontrarlos allá) donde te juergueabas con tus amigas, pero tenías a tus amigos comodines que básicamente te servían de resguardo si se te acercaban impresentables, y de seguro, si no había nadie simpático con quien bailar.

Mis primeras experiencias empezando los 18 años fueron con las Peñas Criollas.  Súper en moda en esos tiempos.  Estaba los Poggis y los Michis.  Mi tío Pepe nos dejaba y nos recogía de estos locales barranquinos, a Elika, Mauricio y a mí.  A veces mi primo el Negro venía con nosotros.  La propina alcanzaba para dos cervezas, así que había que dosificar si no tenía quien me invite.  Entre jarana y jarana te ponían salsitas y bailábamos sin parar.

Luego vino la etapa universitaria, con grupo de amigos formado, donde con tremendas convocatorias íbamos a bailar siempre los días o las horas en las que al menos las chicas no tuviéramos que pagar entrada.  Eso era bien importante a esa edad en que, tanto uno como los amigos, teníamos recursos limitados.  Me acuerdo de Onions y el Keops, Faces, el Medi, el Pub Los Olivos (donde fui a ver a Frágil), la Nueva Miel (ya sé que era un poco ruflón, pero he ido también pues), y no puedo recordar el nombre de aquella discoteca que estaba al lado del antes famoso restaurant Pabellón de Caza, en el Museo de Oro. ¡ya me acordé! ¡Amadeus!.  Pero lo que más recuerdo es la vez que nos fuimos en la combi de mi amigo Perro de Chacra, todo un grupete, con parada previa a comprar trago en "La Cárcel" que quedaba en Surquillo y te vendían tu piña colada en descartable de a litro (pobre hígado Dios Mío!) a la discoteca Up & Down, que quedaba en esa callecita atrás de Wong de San Isidro, por Canaval y Moreyra y que creo que hoy es un lugar de dudosa reputación...  también recuerdo haber ido sólo una vez a esta disco medio dark llamada Nirvana, en Miraflores, a propósito de una temprana despedida de soltera de una amiga de la universidad.

También en esa época se puso en full moda la salsa erótica.  Esa famosa con expositores como Eddie Santiago (lluvia, tus besos fríos como la lluvia...) y Frankie Ruiz (quiero hacerte el amor y tú te alejas....) y ¡qué me dicen del Grupo Niche! (estoy viviendo un sueñooooo, me siento único dueño de tu amoooorrrr, una mirada bastó...).  Toneé a morir en el Cantamérica ahí abajo en la Costa Verde y también en la Máquina del Sabor de La Herradura y de la Av. Aviación.  Pero la primera era mi preferida.  Épocas universitarias en que mi casa era el punto de reunión y luego trepábamos 10 mujeres al Volkswagen rojo de mi amigo Pichirro y emprendíamos rumbo al Cantamérica, mientras que los chicos llegaban en taxi.  Fueron momentos muy divertidos.

Luego vino la época en que contábamos con un piquito más de recursos.  Ya estábamos trabajando pero ganábamos bien poquito… siempre había alguno con más recursos que nos invitaba y el ladies night seguía siendo muy buena opción.  En esas épocas disfruté a morir del Delirium en Barranco, bailando trepados en las sillas y mesas.  Mi amiga Cecilia conoció allí a su actual esposo y básicamente fue porque de puras aburridas nos pusimos a coquetear con una mesa de al lado donde estaba él y otro chico solos. Y luego al Noctambul y sus jueves de espuma donde salías empapado.  En ese local perdí mi lente de contacto en una maniobra de danza que todavía no entiendo.  También estaba el Pelícano en el Club Regatas, que era muy divertido.   Por supuesto el Grill de la Costa Verde que siempre fue mi preferido, con los baldes con un trago con sabor a chicle que hoy mi hígado no soportaría. 

Nota aparte merece el Pub Alemán o Treff, fundado por mi gran amigo Heinz, que se volvió uno de los lugares de mayor frecuencia en mi vida, donde no solo cheleamos de lo lindo en chopps de diversos tamaños sino que también atendí mesas y recibí propinas.

Cuando entré a trabajar a la empresa en la que todavía me encuentro, me incorporé a un grupo muy divertido con mi amiga Jossie.  Era obligatorio irnos a bailar a Mithos, la pirámide aquella fuera de lugar en plena Av. Benavides que hoy se ha convertido en Metro.  Alguna que otra vez fui al Zalonazo en Surquillo y al Mamut que duró poco tiempo.  Con otro grupo de la oficina fui al Tropical en La Victoria, que se puso de moda con su salsa de nuevo y ahí estaba yo metida al medio del alboroto.

Me muero de risa recordando que un día decidí incursionar en la Discoteca La Ley en la Av. Colonial.  No era un lugar frecuentado por mi grupo de amigos. Fui con una amiga y otro amigo más y resulta que este recinto tenía un par de jaulas en el escenario donde te podías meter a bailar.  La confianza de no encontrarme con ningún conocido y probablemente algunas chelas de más, me dieron el valor necesario (que para ser honestas, tampoco es que necesite que me insistan mucho) para meterme en una de esas jaulas y bailar aferrada de las rejas al mejor estilo de una estriptisera (pero con toda la ropa puesta por si acaso) emulando el famoso baile de la reja que patenté en casa de Jossie.  A los minutos este amigo tuvo que cargar con las dos y sacarnos del lugar ante la fila de galanes con no muy buenas intenciones.

Piano fue otra de las discos, digamos que ya entre 1998 y 2002, que alguna que otra vez fui.  Ya había bajado mi frecuencia discotequera… claro conocí a Arturo y bueno pues, colgué las tangas y las plumas y lentejuelas.  Lo cierto es que no le encuentro ningún gusto a meterme en un lugar atiborrado de gente, con espantoso olor a cigarro (que simplemente no soporto), bailar apretada… cuando ya no hay que coquetear.  No es que se apagó la llama del amor con mi esposo, por el contrario, pero creo que con él puedo coquetear muy bien en un lugar menos concurrido  así que simplemente se me quitó el gusto por las discotecas, básicamente porque desapareció la necesidad de circular.  Sólo fui una vez con él a Piano y en un paso exótico de mi marido bailando música electrónica, terminó metiéndome un puñete en el ojo que me puso de muy mal humor y hasta ahora no estoy muy segura si no fue a propósito.

En razón de ello, no soy de las que se va al Sur en los veranos para ir a bailar de 2:00 a.m. a 8:00 a.m.  ni siquiera conozco una sola de las discotecas de Asia, ni tengo interés alguno en conocerlas.  Nada me quita el placer de estar cómodamente dormida a esa hora y levantarme al día siguiente como nueva, sin resaca, a disfrutar del sol con mis hijas.

Todos estos recuerdos han venido a raíz de que el sábado que acaba de pasar, después de siglos, fui a bailar a la disco Depeche Order en El Polo, con música ochentera, celebrando el cumpleaños de mi amigo Franco.  La verdad me divertí a morir!!! Un placer tener la posibilidad de pagar tranquila tu whisky etiqueta negra y no tener que tomar ron con chicle. Y a pesar de lo concurrido del lugar y de que efectivamente había que bailar apretado, como una excepción a las salidas que normalmente tenemos, me pareció excelente.  Buen lugar para los contemporáneos, donde no encuentras puro mocoso borracho, sino puedes ver cabezas sin pelo, rollos y canas.    Y qué mejor que haber celebrado los 40 de Franquito con mi Argolla del Trener, que no son sino excelente compañía para toda ocasión.  Esta vez, pude agregar a la Argolla otro check, también maravillosos compañeros de discoteca!

De aquí a 10 años mas…

lunes, 16 de mayo de 2011

Sex & the City (no apto para menores)

Soy una fanática de la serie Sex & the City.  En realidad una fanática tardía, porque nunca vi la serie mientras la pasaban por el cable, sino que la compré en todas sus temporadas en DVD y las vi de seguido en jornadas que implicaban amanecidas y malas caras de Arturo (sólo podía verlas en el DVD portátil y con audífonos para que no le haga bulla).  La serie me fascinó y creo que fue por varios motivos. 

Uno de ellos fue esta variedad de trajes y zapatos que se mostraban en la serie que me hacían soñar con una vida de glamour parecida.  Bueno pues, una tiene su lado hueco también, aunque no cambiaría por nada mi humilde vida de familia.  Lo cierto es que la gran culpable de que invierta una buena cantidad de mi sueldo en zapatos es Carrie Bradshaw y de hecho sueño con tener ese magnífico walking closet que salió en el depa de la película de cine (la uno).  Mientras tanto me conformo con zapatos de menor precio (no me da la billetera para comprar "en oferta" zapatos de US$ 450.00) y tenerlos amontonados unos sobre otros en el closet porque no entran todos...

De veras que aunque suene fatuo, me parecería divertidísimo tomar en Nueva York el tour Sex & the City que te ofrecen, aunque seguro que el tour no incluye a esos especímenes masculinos tan guapos que salieron a lo largo de toda la serie, pero bueno, nada es perfecto. Claro esto sería posible sólo si viajara con amigas, porque Arturo a la sola mención de esa posibilidad me mandó por un tubo. 

Y la segunda razón por la que la serie me encantó, es por el desenfado con que las mujeres protagonistas de la serie, cada cual en su estilo, abordan los temas sexuales.  En una sociedad como la nuestra, tan reprimida y tan de apariencias, me parecía delicioso imaginar una conversación como la que sostenían las 4 chicas disfrutando de un brunch dominguero, donde exponían sus últimas conquistas y vericuetos sexuales.

La verdad pensaba que esas cosas sólo les pasaba a las gringas, o cuando menos, sólo sucedían en Nueva York, pero he tenido la oportunidad de comprobar que tengo en mi círculo social a una gran amiga, a quien le había perdido el rastro hace mucho y que por casualidad encontré en Lima hace poco, que por supuesto vive fuera hace mucho tiempo (específicamente en Alemania) y que se sintió en la libertad de contarme  sus aventuras amorosas de la manera más graciosa posible. 

Esta amiga mía, vive casi 20 años fuera y cuando dejó el Perú, definitivamente pensó que llevaría una vida de familia normal y común, como el de cualquier peruana, sólo que con un extranjero que tuvo la oportunidad de conocer.  Pero no fue así.  Su matrimonio no duró mucho tiempo y como siempre tuvo inclinación hacia las relaciones tortuosas y complejas y no puede vivir sin alguien que le silbe en la oreja, no le quedó sino ubicarse al poco tiempo con otro galán e iniciar una nueva relación. 

Pasó por salir con un personaje con quien se sentía muy compatible (de hecho ella en cada oportunidad se enamora locamente), pero después de unos años viviendo juntos se separaron porque el chico no tenía entre sus planes procrear; así que lo dejó.  Luego conoció a tremendo monumento de hombre, varios años menor que ella, a quien dejó porque él si quería procrear y ella no estaba segura.  Empezó a salir con el súper deportista, pero éste muy inconstante no formalizaba, por lo que sólo vivía choques y fugas que a ella no dejaban satisfecha.  En el interín y a través de un servicio de "Speed Date" conoció a un galán vinculado al mundo de los caballos.  Muy simpático el galán, divertido y entretenido.  Muy bien dotado por la naturaleza, contaba con un miembro viril de dimensiones bastante mayores que el promedio, de manera tal que los encuentros sexuales resultaban muy dolorosos, por lo que tuvo que hacer uso de su creatividad para relacionarse íntimamente.  Finalmente lo dejó, entre muchas otras cosas, por gastar mucho en ginecólogo y porque parte de su mundo social incluía la colocación de chicas como “escorts” (felizmente mi amiga no fue colocada).

Luego conoció a un basquetbolista.  Gigantesco él, como todo deportista del basquetbol, por lo que a decir de mi amiga, prometía.  La curiosidad pudo más que su virtud y aceptó un encuentro íntimo para salir de dudas, pero oh sorpresa! El órgano viril no guardaba proporción con los 2 metros y tantos de altura y la talla 48 de zapatos!  A decir de mi amiga, la diferencia era tan saltante a la vista que el tema resultaba intolerante por lo que lo dejó.

A otro galán lo dejó porque no la besaba nunca (ya saben que eso levanta sospechas… hacer el amor y que no te besen significa trato de prostituta…) así que eso no lo toleraría de ninguna forma, forzó el beso y logró descubrir que su prominente barbilla no lo ayudaba a besar con facilidad, por tanto no era precisamente un buen “kisser” y lo dejó.

Ahora mi amiga regresó con el deportista.  Se volvió ella más deportista que nunca.  Aún sufre acosos del bien dotado que la acusa de haber dobleteado con él y el deportista, lo que es falso porque pasó un día entero entre que terminó con uno y salió con el otro. Mi amiga dice que ha decidido sentar cabeza y tener un bebé, aunque todavía le causa inseguridad que el novio no le deje notitas de amor.  Se mudó con él y espera sinceramente que todo funcione muy bien.
 
He llegado a la conclusión que mi amiga se asemeja a la Carrie Bradshaw de Sex & the City y yo he sido una divertida y pasiva oyente de esta agitada vida amorosa.  Supongo que otra de mis amigas expatriadas llegará en algún momento completamente liberada como Samantha!!!


miércoles, 11 de mayo de 2011

Día de la Madre

El Día de la Madre siempre me ha producido sentimientos contradictorios.  De un lado, desde que soy madre, es cierto que me gusta la idea de recibir regalitos, pero desde el otro, toda la parafernalia comercial que se arma alrededor del bendito día, me pone un poco de mal humor.

Primero que nada, no hay cosa mas espantosa que todas estas propagandas comerciales donde asimilan el rol de la mamá con el rol de ama de casa.  Nada mas lejos de la realidad.  Entonces me indigna que ofrezcan electrodomésticos con rebajas por el día de la madre, como si las refris sólo fueran a contener productos de uso exclusivo para nosotras y no también productos que serán ingeridos por el amoroso padre que se le ocurrió regalar la refri... los combos ofertas de tostadora con sanguchera y hervidor de agua, es que gracias a Dios a mi esposito no se le ha ocurrido venir con estos productos porque se los hubiera lanzado por la cabeza. 

¿Y qué me comentan de todas las modelos flacuchentas que salen en las revistas de Ripley y Saga que me llegan junto con El Comercio?  No me fastidien! esas no son las madres típicas! las madres típicas no tenemos las tetas perfectas en su sitio y en el tamaño adecuado.  Ni le quedan los jeans tan perfectos como a la "mamá moderna" ni se visten tan fashion como la "mamá ejecutiva"  ¿Porqué la discriminación?  Mas me identificaría si me pusieran a una mujer normal, no con una belleza exuberante, sino con sus kilitos de más, precisamente porque así quedaron después de dar a luz a sus hijos.

Las flores son caso aparte y aquí, probablemente me digan que entro en contradicciones, pero sí me gusta recibir mi ramo de flores por el Día de la Madre.  En mi caso particular, tengo que aferrarme a las fechas símbolo para recibir flores, porque a mi esposo ese gesto no le brota naturalmente, no porque no sea de detalles (que bueno, en realidad no lo es...) pero específicamente porque dice que la casa huele a cementerio!  Hace mucho tiempo que tuve que ponerle las cosas muy en claro y exigir que el timbre suene con un ramo de flores en ocasiones especiales, leáse: mi cumpleaños (no siempre porque a veces estamos en la playa), el día de San Valentín (que es digno de otro post, así que no opinaré nada sobre el tema) y en nuestro Aniversario.  Así que inmediatamente salí embarazada (tal cual, sin haber dado a luz) agregué otra fecha en el calendario de obligatorios: el Día de la Madre.  Para darle mérito a mi esposo, salvo alguna que otra excepción, cumple fielmente con el acuerdo y me llegan mis florcitas para mi beneplácito, en las fechas antes mencionadas.

Otro rollo es la organización de qué hacer.  Y lo cierto es que resulta medio problemático el tema, porque a uno le gustaría tener el rol protagónico en la fecha, pero mientras hayan madres mas viejitas que uno para ser celebradas (leáse, mamá y suegra), pues lo cierto es que uno deja de ser el centro de atención.

Hace un tiempo con mi familia política instauramos los desayunos del Día de la Madre como celebración oficial, de forma tal que no hubieran desertores a la hora del almuerzo.  Y mal que bien, ha ido funcionando.  Claro tenemos que dar de azotes a los maridos para que entren a la cocina y se encarguen de calentar los tamales, abrir los panes y colocar las servilletas y no terminar nosotras atendiéndolos.  Pero cuando por alguna razón ha decaído en número el sector masculino presente, hemos terminado, mis cuñadas y yo, auto atendiéndonos y atendiendo a mamis y suegras.  No vale pues.  Agréguenle a este hecho que mi esposo nunca se entera de que nos toca llevar, así que quien corre el día anterior a Wong soy yo y él básicamente se despierta y recuerda esa misma mañana que algo había que llevar y me pregunta tímidamente que es lo que llevaremos.

El almuerzo aún mas complicado.  Odio salir a almorzar a la calle en esas fechas. Todo está repleto.  Nadie te hace reservas.  Te atienden mal o pésimo.  Y si de alguna forma te quieres arriesgar ante la falta de opciones, pues tienes que comerte el chancacón de carne en El Hornero a las doce del día, para no encontrar tumultos, cuando todavía no has digerido el tamalito del desayuno.  Hemos probado varias alternativas.  Una de ellas, la mas simple, pedimos chifa.  Pero la magnitud de pedidos rebasa las capacidades de cualquier lugar, así que el pedido llegó, aquella vez, como a las 4:00 p.m. donde por poco y nos comíamos los recipientes de la comida.  Al año siguiente optamos por ir a comprarlo y traerlo a casa, se redujo el tiempo de espera, pero sus buenos 45 minutos sentados esperando tuvimos.  Quise cambiar la opción de chifa por pasta y compramos pastita especial, con salsas maravillosas de un conocido restaurant de comida italiana en la Av. Dos de Mayo en Miraflores.  Excelente por supuesto.  Pero quien creen que tuvo que hervir la pasta y calentar todas las salsas... efectivamente, son muy hábiles, fui yo.  Así que trabajé mas de lo que trabajo cualquier domingo, donde normalmente me sacan a pasear.

Así que esta vez pensé concienzudamente que comida era la única en la que yo podría dejar de estar involucrada en su preparación.  Pues la respuesta es obvia.  La Parrilla.  Así que esta vez, mi esposito se lució con su parrilla.  Por supuesto, el sábado a las 10:00 p.m. me preguntó que pondríamos en la parrilla, cuando estaba claro, yo ya me había ocupado de comprar la diversidad de productos alimenticios que ingeriríamos ese día.  En fin... cosas del Orinoco que tú no sabes y yo tampoco.

Hay un hecho puntual y rescatable en este evento comercial denominado el Día de la Madre.  Las sorpresas que te dan las hijas.  ¡Es demasiado!  Ellas sí que se esmeran en prepararte una tarjeta hermosa, en hacerte algún regalito con reciclables o pintarte un cuadro o modelar una flor en cerámica en frío.  Y se preocupan de esconderlas y corren el domingo temprano por la mañana para traerte el regalito, decirte "Te amo Mamá" y cantarte una canción o recitarte un poema.  Lo cierto es que... sólo por ese momento... bendito sea el Día de la Madre.

martes, 3 de mayo de 2011

La maratón del domingo...

Definitivamente no soy una deportista.  Una debe reconocer humildemente sus puntos flacos y claramente éste es uno de los míos.  No por culpa de mi madre, que siempre intentó que su hija sienta cierta afinidad con el deporte, pero yo me inclinaba mas a los cuentos y rompecabezas.  Primero me metió a ballet.  Me compró el tutú, la mallita y toda la parafernalia para estar hermosa.  Fui a una clase y me molestó mucho que me hicieran caminar de puntas como mariposa.  Le dije a mi mami que parecía una tonta y no hubo forma de que me llevara de nuevo. Probó con natación.  A la primera que me hundieron la cabeza para aprender a respirar, me dio ataque de pánico y no hubo forma de que me llevara de nuevo.  Probó con voley en el colegio.  No podía nunca hacer un saque.  Me cayó la pelota en la cabeza, me piqué y no hubo forma de que me llevara de nuevo.  Me metió en basket.  Ayuda a que los chicos crezcan, me diijo.  Recibí una bola con el dedo rígido, me rompí el dedo, lo entablillaron y no hubo forma que me llevara de nuevo. 

Me metió a tennis.  Me parecía divertido.  Pero no contaba con las habilidades del caso.  Sin embargo, como íbamos a la academia de Buse que quedaba en la Av. Angamos en San Isidro, el profesor era churro e íbamos varios del barrio, duré un poco mas.  Pero era un espectáculo.  Casi como poner a un claun jugando tennis antes de los verdaderos jugadores.   Corría concentrada con la raqueta en la posición debida para darle a la bola y claro los ojos fijos en la bola que venía y se me acababa la cancha y la raqueta se incrustaba en la pared.  En otra jugada llegaba a darle a la pelota pero por alguna extraña razón mi raqueta salía volando de mis manos junto con la pelota.  Nunca pude hacer un solo servicio.  Esa capacidad de lanzar la pelota al aire, mirarla y mover la raqueta... eran como muchos movimientos a la misma vez.  O la raqueta se iba para atrás, o la pelota me caía en la cara o terminaba yo en el suelo.

En el colegio mis amigos tenían claro que era buena para el grupo de estudios pero no para formar parte de cualquier equipo de deportes.  Por supuesto siempre quedaba entre las últimas que escogía el capitán de turno para formar parte de su equipo.  Un desastre a todas luces.

Y que decirles de correr.  Lo odiaba con toda mi alma.  Mi mami me apañaba.  Me conseguía los certificados médicos que me impedían correr, siempre soportándome en el hecho que soy asmática.  Quizás me hubiera ido mejor con el asma si me hubiera esforzado un poco mas con el deporte, pero en fin.  Nunca corrí la milla ni el test de Cooper.  Siempre presenté trabajos manuales que justificaban mi nota de Educación Física.

Resulta que este domingo se organizó una maratón de 5 kms (ya sé para los eruditos que maratón es de 42 kms, pero no sé como decirle pues) en el Pentagonito.  Literalmente fui obligada a asistir.  Los fondos recaudados al anotarse serían para recuperar áreas de un colegio de San Juan de Miraflores.  Me pidieron que asistiera con mi familia y bueno mi amiga Mónica me obligó pues.  Así que anoté a toda la familia en una aventura que para mi era casi como montañismo.

Mi esposo es un corredor nato.  De joven era parte de la selección de atletismo y ha recuperado su espacio y corre cada vez que puede.  De hecho correrá 21 kms de Adidas.  Así que me dije a mi misma, bueno alguien sacará la cara por esta familia.  Pero como soy repiña pues se lesionó una semana antes y no podía correr sino caminar.  Ni modo, caminaríamos los 4.

Levantarme un domingo a las 6:00 a.m. ya fue una cosa nunca antes vista.  Además de ello no para irme al aeropuerto sino ponerme un buzo, pero sobre todas las cosas, un sostén de deporte! era absolutamente inusual (si tengo uno... claro que nunca lo usó pero ya vieron que me fue de utilidad!)

Partimos con los ojos empijamados rumbo al Pentagonito pues tenía que llegar temprano ya que tenía que dar el discurso de bienvenida, yo, yo fui la elegida como si fuera la viva imagen del deporte, como si mi esbelto cuerpo que denota horas y horas de actividad física fuera a motivar a todos los presentes,  y bueno después de las incoherencias que solté, pues se dio la partida.

Yo pensaba que habría mucha mas gente con mis condiciones físicas y que formaríamos una gran familia caminadora bastante mas atrás de los verdaderos corredores.  Nada mas lejos de la verdad.  Creo que éramos dos las únicas que íbamos a un paso tranquilo.  Y no puedo contar a mi esposo en el grupo ya que Miranda salió disparada en el scooter y no le quedó otra que salir corriendo detrás de ella.  Yo pues, en mi grupo de uno, porque Patty que caminaba primero a mi lado se dio media vuelta y se regresó, seguí caminando.  Ni un solo polo de la empresa a mi lado.  Ni siquiera los veía a lo lejos.  Y Lara andaba en su bicicleta y yo la perseguía.  Hasta que vino la subida y la canción.  Lara ya no pedaleaba con velocidad y tuve que ayudarla un poco llevando la bicicleta (me duelen mas las muñecas que las piernas).

Debo confesar que tuve que hacer trampa.  Me resultaba absurdo hacer la ruta completa bajando el bypass y dando la vuelta cuando quedaba claro que no tenía la menor intención de competir por los premios!  seguía sin ver caras conocidas o algún polito de la empresa.  Así que con las protestas de los amigos que se habían dedicado a mantener los carteles en la ruta (labor que será la que tenga en la próxima maratón) mandé un par de ajos y no me jodan y me seguí de frente.  Mis sinceras disculpas para ellos.  Espero sepan comprender que no me encontraba en mi hábitat natural.

Finalmente llegué a la meta.  Penúltima o última.  Gracias a Dios con mi hija en bicicleta y jaloneándola así tenía el pretexto perfecto para explicar porque la demora. 

Pero bueno, llegué no? 

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