lunes, 24 de junio de 2013

Transmutación de Obsesiones

Llevo ya dos meses a dieta.  Muy juiciosa.  Muy respetuosa.  Ya voy 9 kilos y medio menos.  Mis hijas están esperando que llegue a 15 kilos menos para regalarme un diploma de honor que ellas mismas me dibujarán.

Llega todos los lunes temprano a mi casa la nutricionista para pesarme, medirme y ver índices de grasa en el cuerpo, mientras mi perro Quispe le salta, la husmea y se quiere subir a la balanza.  Al ser lunes la cita, me obligo a cuidarme en la comida incluso el domingo.  La balanza de mi baño ha despertado de un largo letargo en la que la tenía, donde no quería subirme ni mirarla de puro miedo.  Hoy luce reluciente y contenta en el baño sabiendo que al fin me es de utilidad.

Ya puedo ver los pantalones un poco caídos, al menos una talla menos.  Cada lunes tengo la absoluta emoción de subirme a la balanza y ver que he bajado un poquito mas.  Ya no me duelen las rodillas en los aviones.

Ello me motiva muchísimo. Y sigo con muchas ganas, dejando pasar por delante postres y delicias y pidiendo en una cena un cebiche de champiñones en lugar de un pastel de papa con un buen trozo de carne grasienta.

Ser gordita no es gratuito.  No tengo tiroides a la que echarle la culpa.  Me hice el chequeo y todo, cruzando los dedos para que me digan que sufría de la tiroides y así poder tomar unas pastillitas milagrosas que se llevaran el sobre peso.  Pero no.  Ningún padecimiento con la tiroides.  Mis rollos y mis grasitas son propios y tienen hasta nombre.  Cada antojito está marcado ahí en mi pancita, de manera fatal.  Para no dejarme olvidar que debo comer bien o me lo recordarán todo el tiempo.  Soy sumamente antojada.  Sueño con comida y con postrecitos.  Me encanta visitar los restaurantes nuevos. Ante la ansiedad me da hambre.  Ante el stress me da hambre.  La felicidad me hace comer.  La tristeza me genera ansiedad, entonces me vuelve a dar hambre.

 ¿Qué hago entonces para calmar la ansiedad de no comer?

Pues ya encontré la respuesta el día de hoy.  COMPRAR ZAPATOS. 

Comprar zapatos se ha vuelto mi obsesión sustitutoria.  Ya tenía yo un atisbo de "shoesaholic", pero hoy, es una obsesión declarada.  Y créanme que ¡¡¡me salía mas barato comprar una empanada que un par de zapatos!!!

Ahora navego por Facebook buscando nuevas diseñadoras de zapatos.  Y como estoy complicada con los tiempos en la oficina, pues consigo diversas proveedoras que se dan el trabajo de traerme a mi oficina los zapatos que elijo por internet, para probármelos.  Luego transfiero a su cuenta y el asunto está solucionado.

Compro zapatos diversos, abiertos, cerrados, tacones, chatos, botines, loafers, sandalias, negros, rojos, cremas, animal print, plomos, de cuero, de gamuza, peludos, combinados... ¡absolutamente todo!  todo aquello que siento que se me ve hermoso en el pie y me genera mucha comodidad.  Y luego tengo que llevarlos a mi casa de manera disimulada para que ¡mi esposo no me atrape con los nuevos pares de zapatos!

Espero poder encontrar un nuevo sustituto de la ansiedad, de lo contrario voy a terminar en quiebra.

miércoles, 19 de junio de 2013

Para ti... mi Morena Clara

Todavía tengo muy fresca tu carcajada cuando conversábamos y hacíamos bromas y nos reíamos del mundo.  Tu sonrisa franca, tus ojos negros vivaces mirándome con cariño, festejando las estupideces que te decía y los apodos que te ponía.  Tu amor absoluto por tus sobrinas nietas, disfrutando y compartiendo cada anécdota en su vida.

Aún me es difícil comprender que pasó.  En que momento empezaste a irte.  En que momento te perdiste.  En que momento nos dejaste.  No lo sé.  Sólo se que partiste muy pronto.  Que nos debes al menos 10 años mas a nuestro lado.  Que dejaste un inmenso vacío en mi vida que nadie podrá llenar jamás.

Extrañaré tus visitas sorpresivas y siempre gratas.  El llegar de la oficina y encontrar que llena de vida, vestida de ese rojo que te quedaba tan bien, con los labios muy pintados y las manos perfectas, estabas sentada ahí al borde de la cama de mis hijas, contemplándolas bailar, aplaudiéndolas, celebrando sus gracias. 

Mis hijas extrañarán tu cartera.  Aquella que miraban fijamente cuando entrabas y que luego sin desparpajo alguno rebuscaban para encontrar aquel chocolatito o galleta que siempre llegaban contigo, para malcriarlas.

Mis hijas recordarán que compartiste con ellas cada Día del Abuelo en el nido y que sus manualidades siempre te incluían a ti.

Extrañaré cada navidad sin ti.  Sin verte aparecer con un regalito días antes, comprados de tus guardaditos a espaldas de mi tío, para así poder darte el gusto de regalar dos cosas en lugar de una.  Extrañaré buscar tu regalo, elegir con las chicas la cartera que mejor te quedaría.

Extrañaré cada día de la madre, en que aparecías a la hora del lonche para seguir celebrando.

Extrañaré en cada viaje que hago buscar un regalito para ti, un pañuelo que te haga ver hermosa, un perfume de los que tanto apreciabas, quizás unos bonitos aretes.  Extrañaré buscar en las farmacias el inexorable encargo del fixodent.

Extrañaré como ocultabas tu edad a los ojos de todos, de una manera perfecta, habiendo aprendido incluso el año que correspondía a la edad que habías elegido tener.

Extrañaré cuando renegabas de lo absorbentes y sobre protectores que eran mi tío y mi primo.  Cuando salías digna, muy molesta con ellos, pero igual subías al auto para que te dejaran en casa de mamá y llamabas de la misma forma para que te recogieran.

Recordaré aquellos días en que, con tu cabecita pelada del primer cáncer, le diste el primer bocado sólido a Miranda y aquellos días de mi post natal donde te tenía a diario en casa, sentada en el sillón de la sala, con Larita durmiendo sobre tu hombro. 

Extrañaré los momentos en los que saltaba asustada porque había pasado mas de una semana sin llamarte por teléfono, pero que cuando lo hacía, siempre recibía una respuesta comprensiva de tu parte, sabiendo que era casi la única privilegiada a la que le permitías olvidarse de todo.

Los cumpleaños sin ti cantando el Happy Birthday no serán los mismos.  El ver pasar los años de mis hijas y no poder compartir sus logros contigo me será muy duro.

Me queda el consuelo de haberte dado un poco de felicidad.  De haberte hecho reir, de haber salido a pasear contigo y mandarte de teatros y conciertos con mi mami. De haberte dado la dicha de sentir a mis hijas como tus nietas. De haberte dicho mas de una vez que te quiero.

El martes pasado, estando en cuidados intermedios, te tomé la mano y te dije:  "Tía te quiero mucho"; me miraste fijamente y con mucha dificultad y voz queda me dijiste "Yo también hijita".

Mi Morena Clara, para mi no te fuiste.  Ahora te metiste entera en mi corazón y te llevo conmigo a todos lados.

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