miércoles, 28 de agosto de 2013

Graña y Montero en la Bolsa de Nueva York: La experiencia personal

Hace casi un mes me tocó vivir uno de los momentos mas emocionantes de mi carrera profesional.  Después de largos 9 meses de intenso trabajo, al fin lo logramos:  GRAÑA Y MONTERO cotiza en la Bolsa de Valores de Nueva York desde el 24 de julio de 2013!!!

Este es un logro que me llena de orgullo, no solo por lo que representa para la empresa sino por haber tenido la posibilidad de formar parte de este equipo de extraordinarios profesionales además de contar con las credenciales profesionales necesarias, son especialmente de una calidad humana impresionante, lo que permitió que a pesar del stress y de las amanecidas, nunca se perdiera la motivación y las ganas de hacer las cosas bien.

Es difícil explicar que se siente.  Trabajo 16 años en Graña y Montero y he sido parte de esta empresa en épocas de crisis.  Cuando realmente el mercado estaba parado y muchas empresas constructoras iban a reestructuración empresaria, nosotros logramos sobrevivir.  La padecimos y no olvidamos esos momentos nunca.  Los recordamos siempre que podemos, para no tener que repetir esos errores y no perder la humildad en el proceso de crecimiento.

Hoy, mirar este triunfo de la empresa y además ser partícipe del mismo denota una emoción inconmensurable.  Estaba parada en ese balcón en la meca del capitalismo, Wall Street, la Bolsa de Valores de Nueva York, mirando estaciones con cientos de personas y una gran cabina de CNN donde están comentaristas y analistas vistos por millones de personas, y yo ahí con este espectáculo en frente.  Llevando en el mes patrio con mucho orgullo una escarapela peruana, con el banner de la empresa por detrás nuestro, viendo a nuestra bandera en manos de Hernando colgar del balcón.  Eso momento representó para mi todo! El país que amo, la empresa que es mi vida!  Solo faltó tener a mi familia conmigo.

Las emociones se agolpan en el pecho.  A mi se me representó en una euforia impresionante.  No podía parar de gritar, la felicidad se me escapaba por todos los poros del cuerpo.  No lloré, como si lo hizo mi querida amiga Mónica, a quien se le acumuló el stress de todo este tiempo de trabajo, mezclada con la emoción y la nostalgia por 20 días lejos de su familia.  Pensar en mi delineador de ojos corrido, así tal cual lo cuento, me motivó a evitar las lágrimas.

Es que detrás de esta historia hay toda una serie de hechos y vivencias, especialmente para las que somos madres.  Ha sido una etapa muy inusual, de mucho esfuerzo y que por supuesto ha significado robar el tiempo de la familia.  En mi caso, tuvimos en diciembre unos días de locos para dar arranque al proyecto, luego pude tomar unas vacaciones, gracias a Dios, y regresamos y empezó con una dinámica imparable.  El verano fue difícil.  No pude tomar vacaciones para ir a la playa con las chicas, no pude llevar ni traer a ningún taller de verano, no pude tomarme tardes para hacer todo y nada con ellas, mis horarios no tenían fin y era difícil llegar a tiempo para acostarlas los días de semana.  Los viernes no tenían fin, por lo que dejaron de ser un día de planes.  Llegaba tan cansada que a duras penas podía conversar unos minutos con mi esposo y caía rendida.  Viajes en el medio.  Stress.  Cronogramas que cumplir que nos miraban acechando.  Llamadas telefónicas interminables, sesiones de video conferencia e incluso jornadas de amanecida.

Sin embargo, a nivel familiar no tuve inconvenientes.  Mi esposo estuvo a mi lado soportándome todo el tiempo, dándome ánimos y cariño y supliéndome con las niñas en la medida de lo posible.  Mis maravillosas niñas me comprendieron y aunque a veces protestaban si el trabajo implicaba irme sábado o domingo, que para ser honestos era lo menos, ayudó mucho sentarme con ellas y explicarles de la manera mas sencilla posible que estaba haciendo, que era un proyecto que tenía fin, les pedí perdón por el tiempo que les venía robando y prometí que lo recuperaríamos.  Y ellas miraban el calendario mientras yo miraba el cronograma.

A nivel laboral, las cosas no pudieron ir mejor.  El humor constante en los momentos de tensión ayudaron mucho a mantenernos unidos y con buen espíritu.  Nunca vi una queja de uno delos chicos   jóvenes, que no tuvieron playa ni juergas en Asia, ni jueves de juerguitas, ni cines de media semana.  Siempre aceptaron lo que venía con una sonrisa, agarraban el trabajo con ganas y le metían fuerza y empeño.  Tuvimos frases célebres que escribimos en papelógrafos y nos hacían desternillar de risas.  Anécdotas y fotos trucadas que amenizaron el momento.  Whatsapp colectivos para estar al tanto de lo que hacíamos en tiempo real.  Todos estábamos para apoyarnos en lo que sea, sea cual sea el rol que tocaba asumir en el momento.

Nos han pedido hacer el cierre del proyecto.  Algunas señales hemos dado.  He descolgado el papelógrafo y nos costó mucho hacerlo, no hemos deshabilitado la cuenta whatsapp.  Tenemos que trabajar un documento de cierre que lidera el Chorri, ya hicimos presentaciones varias a la organización, venimos ordenando y entendiendo las obligaciones post emisión que nos toca enfrentar y cambiar de etapa con mucha dificultad.  Por supuesto, añadiéndole mas líneas de trabajo en nuestra descripción de puestos.

Definitivamente una experiencia espectacular que agradezco haber vivido.  Y es que en Graña y Montero en estos 16 años de recorrido, siempre he tenido un reto y un proyecto  motivador que impiden que me aburra.  Me pregunto que hará mi jefe para superar este reto con uno nuevo...

1 comentario:

Si quieres contarme algo... éste es el lugar adecuado! gracias por comentar!

Seguidores

Seguir por correo electrónico