martes, 27 de agosto de 2013

Empalagosos

Cuando uno recién inicia una relación amorosa, te sientes como caminando de la mano, mejor dicho. flotas en lugar de caminar, rodeado de un halo de coloridas flores silvestres, mariposas y encantadores pajarillos que acompañan nuestro andar.  Nuestro corazón está absolutamente expuesto y todo es intenso y color esperanza.

Considerando que soy súper cariñosa y querendona, imagino que yo andaría igual, abrazada y dando besos a diestra y siniestra a mi Arturito.  Pero la relación de pareja y por tanto el amor, maduran.  Ello no significa que el amor baje en intensidad, pero de hecho las manifestaciones de cariño públicas se reducen notoriamente.  La relación cambia a una de mayor complicidad, donde el amor se nota en las miradas, en el respeto, en los detalles, en celebrar lo que el otro dice, en reirse juntos, en tratarse con algún nombre particular y ya no está basada o medida por la cantidad de besos que se dan en la calle.

Sólo estando en la etapa que refiero comprendes lo incómodo que le puede resultar al resto del mundo ver a esta pareja empalagosa enmarcada en flores, mariposas y pajaritos.  

Fui consciente de este tema hace unos días que me tocó viajar a Santiago de Chile y desgraciadamente me asignaron el tercer asiento de la fila en que iba una pareja amelcochada, mas empalagosa que un suspiro a la limeña, que los miraba y hasta sentía los cantos de Cenicienta en el bosque.  ¡Qué cosa tan incómoda y molesta!

Mientras yo estaba concentrada en la lectura de mi último libro "El ABC de la Mafia" (que queda claro que no tenía ni un atisbo de romance), escuchaba casi que en la oreja, constantes MUACKS y SCHUICKS, uno tras otro, 10 al hilo, en series.  Ojo que no se trataba de una pasión descontrolada de esas que ameritan gritarles "get a room!", era mas bien, a mi interpretación, una necesidad incontrolable de mantenerse en contacto, besarse y rebesarse, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, con escasos intervalos de tiempo entre ráfaga y ráfaga de besuqueos.  

Definitivamente empalagoso y sustantivamente incómodo para mi.  No me quedó sino levantar los ojos hacia arriba y agradecer que era un viaje a Santiago y no a Nueva York,

1 comentario:

  1. ¡Somos dos! Tampoco soporto tan dedicadas muestras de afecto. Recuerdo en la cola del bus de la universidad había una pareja que no se soltaba ni en el rato que esperaban en bus, ni a lo largo de todo el trayecto. ¿No serán los mismos de tu avión? ja, ja

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