viernes, 22 de abril de 2011

Mujer al volante...

Sé que muchas mujeres se molestarán conmigo por lo que afirmo.  Comentario machista que siempre escuchamos no? "Mujer al volante, peligro constante..."  Pero con la mano en el corazón, debo afirmar que algo de cierto hay en ello no.  Por lo menos... aplica en mi caso!

Siempre me corrí del volante,  No me interesaba manejar.  Supongo que influyó el hecho de crecer con una mami que no tenía carro, por lo tanto ese bichito que les nace a muchos de adolescentes, cuando sueñan con manejar y al menor descuido tirarse el carro de los papis, nunca me nació.  Mi amiga Tania me contaba de como en Villa con sus amigas, todas quinceañeras, se robaban los carros de los papis, primero para manejar por Villa y luego mas temerarias se iban hasta Lima por un simple helado y por supuesto por lucirse de lo mas cool en un auto!  Nunca viví esas emociones, insisto, por las circunstancias, porque me veo bien fácil trepada en el carro con Tania a los quince años!

El hecho es que llegué a los 18 años y varias amigas mías (me enfocaré en el sector femenino, porque casi el 95% de los chicos aprende a manejar desde los 14!)  ya corrían por sus brevetes.  Las mas afortunadas recibían un auto de segunda, con el que se sentían las dueñas del mundo. 

Ya en los 20 años, por la universidad, encontré mas amigas con autos.  Yo me seguía moviendo en mi combi y en mi bus de la universidad, pero la verdad es que era de lo mas divertido el poder andar en el carro de las amigas.  Recuerdo que la familia de mi amiga Magalita pasaba por la época de las vacas gordas y su papi le regaló un carro del año, era un tercel verde si no me equivoco, hoy nos parece un carro común, pero en ese entonces no habían muchos en Lima, y para mi era como una nave espacial.  De hecho lo veíamos tan llamativo que incluso Magaly, que no era nada ostentosa, lo cuadraba a varias cuadras de la universidad para que no la vieran llegar en ese carrazo porque le daba vergüenza.  Yo no tenía posibilidades ni remotas de poder adquirir un auto, así que bueno andaba feliz en los carros de las amigas, en mis combis, y cuando eventualmente tenía un dinerito extra, podía tomarme un taxi.  Cero ganas de aprender a manejar.

Empecé a trabajar como abogada, pero claro, el sueldito solo me permitía algunos lujos de ropa y zapatos (nunca pude controlar mi pasión por los trapos), pero en absoluto tenía la posibilidad de comprar un auto.  Eran épocas en que los créditos no eran tan frecuentes y de hecho creo que ni calificaba para tarjeta de crédito, menos para un crédito vehicular.  Pero debo confesar que ni siquiera lo pensé.  No se me pasaba por la mente.  No me era una curiosidad.  no sufría por ello.

Cuando entré a trabajar a la empresa en la que todavía sigo trabajando, tenía 26 años.  Creo que hubiera sido un buen momento de tomar las riendas de la independencia en mi vida y aprender a manejar y comprarme un carrito con un crédito.  Hubiera podido ser posible. Pero tampoco fue mi prioridad! me dediqué a viajar con mis amigas! y como lo disfruté!  lo cierto es que tomaba mi taxi para ir a la oficina que no quedaba muy lejos de mi casa, y siempre había alguien que me llevaba por aquí y por allá a las reuniones, fiestas, cines, juergas y demás eventos que pululaban por mi vida.

Conocí a Arturo cuando tenía 29 años y seguía sin aparecerme el bichito de manejar.  Arturo no tenía carro, pero si sabía manejar y al año de estar juntos se compró su primer auto.  Nuevamente tenía quien me llevara por todo lado.  Así que me acomodé bien rápido.

Cuando nos casamos, decidí que había llegado el momento de aprender a manejar.  Me metí al Touring Club, iba puntualmente a todas mis clases teóricas y me tocaban clases de manejo los sábados y domingos en la mañana.  Con mucho temor empecé a aprender los truquitos del manejo, pero un día donde muy segura de mí, practicaba con Arturo por la Av. San Borja, un carro se me cruzó y me asusté me trepé a la vereda, según yo apretaba el freno pero lo cierto es que mi pie estaba debajo del freno, y si no fuera por la rápida intervención de mi esposo, me estrellaba contra un hermoso portón de madera.  Me entró pánico y no quise tocar el auto nunca mas.  Por supuesto las clases se fueron al hoyo y nunca siquiera intenté sacar brevete.  Acepté humildemente que uno tiene sus propias limitaciones y que bueno... esa sería la mía.

Por mucho tiempo don Dimas (quien me conoce bien , de seguro conoce a don Dimas), fue mi movilidad.  Arturo me dejaba en las mañanas en la oficina y don Dimas me traía de vuelta.  El me llevaba a todos los eventos que tenía, por supuesto si no iba con Arturo.  Incluso el manejó el auto con el que fui a la iglesía en la que me casé y luego nos llevó a los novios a la recepción (y dicho sea de paso, se quedó, se tomó hasta el agua del florero y se mandó tremenda bomba), también estuvo con nosotros ayudándonos a recoger las múltiples flores que llegaron a la clínica cuando nació Miranda, igual con Lara y bueno, me ayudaba a llevarlas al pediatra, a llevarlas al santito, todo esto cuando Arturo no estaba disponible, pues sino tenía que hacer de chófer.

Luego la vida se empezó a complicar.  Don Dimas adquirió fama en la oficina y no era solo yo la que lo necesitaba, se lo llevaban de otras empresas a proyectos lejanos que le significaban carreras de mas de 150 soles al día.  Yo no podía competir, ni le podía pedir que dejara de atrapar esas oportunidades que se le presentaban por su buen trabajo y seriedad.  Ni modo.  Andaba enredada, muchas veces sin saber que hacer para movilizar a las hijas y bueno Arturo entre sus turnos, universidad y demás horarios complicados, no podía contar mucho con él en varias ocasiones.  Me pasaba incluso que Arturo se iba de viaje y teniendo el auto parado en el garaje, tenía que tomar taxi porque no sabía usarlo.

Esto no podía continuar.

Dicen que los hijos te dan impulsos en la vida, para ser mejor.  En mi caso en particular, entre miles de muchas cosas mas, mis hijas me han dado el brevete.

Así que Arturo compró un carrito chiquito.  Rosado nacarado.  Por supuesto automático.  Aprender a manejar de vieja tiene sus propias limitaciones.  Para que complicarme con los cambios.  Automático y punto.  El famoso "tururira" como lo bautizó Manuel, fue quien sufrió mi aprendizaje.  Arturo fue mi profesor.  Con mucha devoción (y debo confesar que con muchas ansias de que lo deje en paz y no me tenga que llevar a todo lado!) me enseñaba todas las noches, incluso con un poco de resistencia mía porque me daba mucha flojera.  Pero ahí estuvimos.  Una y otra vez practicando por un parque cerca de la casa, tratando de aprender a estacionarme.  Pero no sé si todas las mujeres, pero en mi caso particular, medir las distancias es tarea muy compleja.  Nunca tenía idea hacia donde debía mover el timón para ir hacia izquierda o derecha, y mi instinto siempre me llevaba al lado equivocado. 

Un día practicaba yendo a la oficina y en el tráfico de Paseo de la República para cruzar Angamos andaba yo despacito, pero Arturo que seguía sin confiar mucho en mi capacidad de medir las distancias, intervino el timón en el mismo instante que un carro de policía que iba al lado nos miró.  Por supuesto sospechó de inmediato de mi, nos paró y terminé en la comisaría, con serias amenazas de que el carro se iba al depósito y me quedaría sancionada un año sin poder sacar brevete.  Con el pesar de mi esposo tuve que hacer uso de mis influencias, llamar a mi abogado externo y el comisario con un guiño de ojo me soltó y me pidió que tuviera cuidado.  Fin de la aventura sin brevete.

Tengo que hacer un reclamo público.  En esta ciudad, no tienes forma de aprender a manejar tranquila.  No hay zonas específicas que te permitan practicar en determinados horarios.  Y me queda clarísimo que la única forma de aprender a manejar es con una práctica constante, pero tienes que meterte al tráfico! pero no te dejan.  Resumen, tienes que aprender a manejar lo mínimo indispensable para sacar el brevete y luego aprenderás brevetada.

Así que empecé a irme sábados en la mañana a hacer mis prácticas en el circuito trucho igualito al del Touring que tienen en Conchán.  Daba mil vueltas por el circuito, me enseñaban todos los trucos para poder estacionar de la manera debida... en fin. 

Di muy suelta de huesos en mi carrito rosado mi primer intento de obtener brevete y me jalaron.  Bueno hubiera sido mucha suerte no?  Seguí dando vueltas en el circuito y después de un tiempito fui por mi segundo intento, con tan mala pata que había salido una disposición que decía que los carros que se tenían que usar para poder dar el examen tenían que tener determinado pesaje y el mío estaba un poquito por debajo, junto con los Ticos.  Así que tuve que alquilar un carrito que nunca había manejado, con el que no me sentía familiar y por supuesto me fue pésimo, por poco y me estaciono encima del hombrecito temerario que andaba con sus banderas indicando por donde ir.  Los nervios se apoderaron de mi, luego el mal humor y me fui indignada a la oficina, pero además lo convertí en un tema tabú, donde ninguno de los chicos en la ofi se atrevían a preguntarme que pasó!

Así que me fui por la trica por primera vez en la vida.  Y me ligó. y saqué brevete sin realmente saber manejar.  Así que aprendí en el camino.

Primero me demoraba muchísimo en llegar a cada lugar porque tenía serias restricciones:  No entraba a la Vía Expresa, hacía rutas mas largas con tal de no ir por zonas donde sabía que eran muy congestionadas, si quedaba atascada detrás de un auto que iba a doblar, me quedaba hasta el siguiente semáforo, porque era incapaz de cambiarme de carril.  Y así muchas cosas.  Supongo que en esas épocas (no muy lejanas) debo haber recibido muchos insultos.

Y ni que decir con el garaje!! primero teníamos al carrito (llamado además de Tururira, Toribianita) en el garaje de mi mami y de verdad es bien complicado ese garaje... un día que no quise molestar a Arturo que había trabajado de madrugada decidí que ya había aprendido a sacar el carrito y lo empecé a sacar del garaje, pero me quedé atracada con la puerta! por supuesto, tremendo chancón y raspón recibió la pobrecita, pero lo peor de todo es que no me daba el cerebro sobre donde debía mover el timón para poder "desatracar el carro", estaba nerviosísima, no quería despertar a Arturo que además me iba a matar por chancar el carro e iba a llegar tarde al nido... en eso un incauto pasaba caminando por la vereda con sus cuadernos en la mano... me acerqué a él y le pregunté... "Sabes manejar?" me contestó sorprendido que sí.  Así que le pedí el favor que me sacara el carro porque no sabía como hacerlo, atiné a sacar a mis hijas del asiento trasero, me quedé con sus cuadernos y en un dos por tres (literalmente, no tardó ni tres segundos), mi carro estaba afuera del garaje listo para partir.  Le agradecí sinceramente, trepé a mis hijas, cerré la puerta y me fui al nido.  Imagínense la historia que habrá contado este chico que nunca mas volveré a ver, a sus amigos.

De esas me pasaban varias.  Cruzaba Reducto por el carril del medio y repentinamente me veía cerrada por los dos lados, no tengo idea como y me quedaba sin carril, atracada sin poder moverme, con riesgo de chocar y de que me choquen... en pánico real. 

Para estacionar, ni que decirlo.  Habían hermosos lugares en los que ni siquiera intentaba cuadrarme.  De hecho ya sabía que me demoraría siglos y tampoco hay que hacer evidente la brutalidad ante tanto público.  El glamour ante todo.  Ojo que esto no ha cambiado mucho.  Sigo con serias limitaciones para estacionarme y estacionarme en mi garaje me tarda sus muy buenos minutos.  Pero al fin y al cabo ya lo logro.

La Toriibianita fue raspada en diversas oportunidades.  Ahora a la distancia me parece de locos que no haya podido cuadrarla en mi garaje con holgura, pues era chiquitita.  Realmente recién entiendo la sonrisa de la cara de Arturo.  También la choqué con un auto doblando una esquina.  Yo no lo vi, bien es cierto, pero él iba a mucha velocidad!

En todo caso, ahora que manejo por todos lados llevando al colegio y regresando de él, he optado por manejar de buen  humor, con música, cantando y bailando.  Haciendo caso omiso de los apurados que tocan bocina por la nada y que quieren sobre pasarme.  Al menos trato que asi sea... porque a veces lo ajos brotan sin pensar...

En fin...me queda claro que si algún día dejo de ser abogada, el oficio de chofer no sería la mejor elección para mi.  No tengo ni la menor posibilidad de manejar una combi o un autobús.  Pero logré pasar a una camioneta Santa Fe.  Digamos que la Toribianita entraba en la maletera!!!  Con todo, ya no choco al cuadrarla, pero está raspadita al lado del copiloto pues el bendito tema de las distancias es muy complejo... la salida es muy estrecha y la curva es medio complicada...

Hace como un mes que ya no la raspo, quizás ha llegado el momento de arreglarla...

2 comentarios:

  1. jaja ... yo al igual q tu jamas me dio el bicho de manejar hasta llegados los 30's y cuando estaba en Graña nos peleabamos a Dimas para q nos lleve a todos sitios jaja....pase el examen de manejo a la primera pero estoy segura q porque le di pena al q toma el examen xq no pude cuadrar en paralelo...se acerco el Sr. de las banderitas y me dijo usted cuadro mal...a lo q le conteste si ya lo vi pero igual paso no??? es q es muy complicado....!! MOG

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  2. ¡Pobre Toribianita! ja, ja, ja.
    Justo el otro día estaba pensando que don Dimas se había quedado sin su pasajera estrella... pero ya veo que fue al revés.

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