Quien me conoce bien debe tener muy claro este aspecto de mi vida. Soy Cucarachofóbica. Ya sé que el término científico correcto es Aracnofobia y abarca a toda clase de insectos, sin embargo prefiero ser específica porque con las arañas puedo convivir pero las cucarachas son repugnantes seres que no puedo ni mirar vivos o muertos, de cerca o de lejos.
No crean que exagero. Siento que con los años este pánico irracional se me ha exacerbado, a tal nivel que Arturo sugiere que lo trate con un psicólogo, pero vamos, salvo que alguien me pueda decir que atrás de esta fobia a las cucarachas se encuentra un problema serio que lo cubro con este pánico, no le veo ningún sentido a pagar por una terapia para hacer amistad con esos bichos repugnantes.
No los puedo ver. Esto es muy serio. Queda claro que no los puedo ver en persona, pero tampoco puedo verlos en la televisión, ni siquiera en las propagandas de cucarachicidas. No puedo verlos dibujados. Soy incapaz de comprar por mi misma un insecticida que tenga dibujada una cucaracha en él. Esa parte del anaquel en Wong la paso mirando de reojo.
No puedo verlas en animalitos de jebe. Un día mis hijas aparecieron con una serie de productos que habían cogido de una piñata en un santo, y algún iluminado que claramente he bloqueado de mi mente, se le ocurrió meter en la piñata cucarachas de jebe. Que juguete para mas mounstroso y desagradable. Casi me muero cuando mis hijas me lo enseñaron! Por supuesto que les dije que no había ninguna posibilidad de que ese juguetito formara parte de las canastas de juguetes al lado de preciosas barbies y polly pockets. No querían botarlo! después de explicarles con mucha paciencia (y con el bicho lejos de mi) que simplemente la mami podía morir si arreglando los juguetes me encontraba con esa cosa, optaron por guardarla donde la mamama, en algún lugar seguro donde yo no tenga que meter la mano.
Por supuesto sufro mucho en verano cuando estas asquerosidades deciden pasearse por las calles. Han frustrado mis supuestas maravillosas caminatas por Miraflores para ir a cualquier lado. Camino absolutamente tensa y he optado por no mirar al piso directamente porque me da una ansiedad terrible. Cuando voy con Arturo me agarro de su brazo como ciega con lazarillo y él me dirige y si ve asomarse un bicho me agarra fuerte del brazo y me lleva para un lado mientras yo pego de gritos porque ya sé que hay una por ahí aunque no la vea. Esta manera de pasear la hemos ido perfeccionando año a año. De hecho, al poco tiempo que nos mudamos a Miraflores, salimos a caminar y cuando regresábamos, estábamos a escasos metros de la puerta del edificio y Arturo me dijo "Cuidado!" craso error... empecé a pegar de brincos como si estuviera en plena performance de un baile bolchevique hasta que entré al edificio mientras escuchaba las carcajadas de Arturo que me decía que en plenos brincos había aplastado una. De tan solo pensarlo me dio un ataque de llanto, me quité las zapatillas que traía y las dejé en la puerta del edificio (nunca mas las usé por supuesto) y me metí al ascensor llorando. Arturo estaba retorcido de la risa.
También me pasó que vi una cucaracha mientras caminaba y salí corriendo sin mirar hacia la pista y me detuve en seco porque Arturo gritó "PARA!" justo a tiempo para que no me atropelle un tranquilo chofer que pasaba por ahí casualmente.
Por esta razón le tengo pánico a los depósitos, a las cajas guardadas tanto tiempo, a los sótanos, a las bolsas de basura tiradas por la calle, es decir, a todo aquello que de alguna manera signifique un hábitat agradable para esos bichos.
No soporté la película Wally porque me parecia inaudito (aunque tiene mucha lógica) que tuviera una cucaracha como compañera de aventura. Por supuesto hubo alguna vez hace miles de años una película de un tipo que tenía su cuarto lleno de cucarachas y eran sus amigas, comprenderán que no pude ver ni un segundo de la película porque podia vomitar! y en esta linda película llamanda Encantada, mis hijas me tapaban los ojos cuando las cucarachas entran al departamento a ayudarlas a limpiar.
Bueno, no lo puedo controlar, imagínense que de tanto hablar de estos bichos siento que me pica todo el cuerpo y estoy nerviosísima... asi que mejor termino...
scrach, scrach, scrach....
domingo, 26 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
La visita al ginecólogo...
No hay cosa mas bochornosa e incómoda que visitar al ginecólogo. En el caso de esta revisión clínica de primera necesidad, ni la naturaleza ni la ciencia fue sabia. Nos puso todo muy complicado, de manera tal que realmente tengas que estar muy incómoda durante toda la consulta.
Esta reflexión la traigo a la luz a propósito de que hoy, como mujer precavida, hice mi chequeo preventivo, que por supuesto, incluyó revisión ginecológica y mamografía.
Pero la historia empezó hace mucho.
La primera visita al ginecólogo la hice con mi mami. Claro, mi mamá estaba aterrada de dejarme con un doctor que me vería los lugares mas recónditos de mi cuerpo a solas. Con la inocencia de la adolescencia me dejé acompañar por ella pues efectivamente, el mismo temor se había enraizado en mi ser e imaginaba al doctor lanzándose encima mío una vez que estuviera inmovilizada en el sillón ginecológico.
Cambiar la costumbre y evitar a mi mami fue algo absolutamente necesario una vez que el doctor te preguntaba de manera directa si habías tenido relaciones sexuales y como te cuidabas. Contestar honestamente a esa pregunta delante de mi mami era imposible, así que ideé diversos métodos, que iban desde la visita intempestiva hasta la llamada previa al doctor para que en determinado momento sea él quien echara a mi mami del consultorio.
Lo cierto es que conforme pasan los años y sigues año a año abriendo las piernas ante un desconocido, los temores y las vergüenzas se van disipando. Que te puedo decir después de dar a luz, donde media clínica te revisa la vagina, especialmente si estás esperando tener un parto natural y tienen que medir tu dilatación (cosa que por cierto pude evitar por las cesáreas).
La depilación brasilera es también una buena forma de agarrar práctica y sentirte menos incómoda ante la clara exhibición de la "Doña".
Para aquellos chicos que no la tienen clara, ir al ginecólogo implica colocarte una batita transparente y encontrarta completa y absolutamente desnuda . Ponerte en la camilla que te indica el doctor, escuchar la frasecita típica "deslízate bien al borde de la camilla por favor", hecho que es necesario para lograr el ángulo perfecto y colocar una pierna a cada lado, exhibiendo en todo su esplendor aquello que mi mami siempre buscó que conserve cubierto. Hay algunos doctores que son mas considerados y te van explicando paso a paso que van a hacer para que no te asustes. La aplicación de la vaselina, algún aparato tipo manguera con el que te ven por dentro, la bendita cuchara que te meten, que no se como se llama, para sacarte la muestra del papanicolau y bueno, la absoluta incomodidad de ver al doctor sentado con la cara precisamente entre tus piernas, mirando fijamente a la Doña.
Pero ahí no queda todo... luego te bajan la batita y te tienen que aplastar las Juanas por todo lado con brazo abajo, brazo levantado, para el lado izquierdo, para el lado derecho y terminan con pellizcón en el pezón para verificar que no emerja ningún líquido indebido. Disculpen que sea tan gráfica chicos, pero es la única forma de que entiendan esta incomodidad. Y todo mientras el doctor te conversa de política, el clima o de literatura.
Hace un tiempito visité un ginecólogo recomendado por una amiga y éste si que encontró la mejor manera de agregar algo mas al bochorno tradicional. Pues resulta que proyecta a la Doña en una pantalla gigante, mientras te hace todo el chequeo. Se imaginan el impacto de ver a la Doña, aquella que la mantenemos cubierta, pero que al fin y al cabo no conocemos tan bien -pues se requiere de extremas posiciones para poder verla y ni siquiera del todo-, derrepente ahí, en pantalla gigante, en todo su esplendor... y luego tener que apreciar, no solo sentir e imaginar, todo lo que le hace el doctor a la pobre. DEMASIADO. No necesito de la pantalla gigante para nada.
Y les tengo que contar que la cosa se pone peor a partir de los 40, pues ya no sólo te harán el chequeo de las Juanas con la mano sino que pasarás a hacerte la famosa mamografía. Como explico que, tener que colocar a la Juana, abundante ella, sobre una bandeja, con ayuda de una o un profesional, que la acomoda a su antojo para que encuentre el mejor ángulo, para luego tener que ser aplastada de la manera mas brutal por una lámina de metal que la mantiene inmovilizada, tanto de frente como de costado! que les puedo decir, básicamente que no entiendo como logran tomarse una mamografía mis amigas 32 ó 34 A.
Que cosas tenemos que sufrir las mujeres... al menos a ellos los mandan al proctólogo. Algún equilibrio tiene que haber no?
Esta reflexión la traigo a la luz a propósito de que hoy, como mujer precavida, hice mi chequeo preventivo, que por supuesto, incluyó revisión ginecológica y mamografía.
Pero la historia empezó hace mucho.
La primera visita al ginecólogo la hice con mi mami. Claro, mi mamá estaba aterrada de dejarme con un doctor que me vería los lugares mas recónditos de mi cuerpo a solas. Con la inocencia de la adolescencia me dejé acompañar por ella pues efectivamente, el mismo temor se había enraizado en mi ser e imaginaba al doctor lanzándose encima mío una vez que estuviera inmovilizada en el sillón ginecológico.
Cambiar la costumbre y evitar a mi mami fue algo absolutamente necesario una vez que el doctor te preguntaba de manera directa si habías tenido relaciones sexuales y como te cuidabas. Contestar honestamente a esa pregunta delante de mi mami era imposible, así que ideé diversos métodos, que iban desde la visita intempestiva hasta la llamada previa al doctor para que en determinado momento sea él quien echara a mi mami del consultorio.
Lo cierto es que conforme pasan los años y sigues año a año abriendo las piernas ante un desconocido, los temores y las vergüenzas se van disipando. Que te puedo decir después de dar a luz, donde media clínica te revisa la vagina, especialmente si estás esperando tener un parto natural y tienen que medir tu dilatación (cosa que por cierto pude evitar por las cesáreas).
La depilación brasilera es también una buena forma de agarrar práctica y sentirte menos incómoda ante la clara exhibición de la "Doña".
Para aquellos chicos que no la tienen clara, ir al ginecólogo implica colocarte una batita transparente y encontrarta completa y absolutamente desnuda . Ponerte en la camilla que te indica el doctor, escuchar la frasecita típica "deslízate bien al borde de la camilla por favor", hecho que es necesario para lograr el ángulo perfecto y colocar una pierna a cada lado, exhibiendo en todo su esplendor aquello que mi mami siempre buscó que conserve cubierto. Hay algunos doctores que son mas considerados y te van explicando paso a paso que van a hacer para que no te asustes. La aplicación de la vaselina, algún aparato tipo manguera con el que te ven por dentro, la bendita cuchara que te meten, que no se como se llama, para sacarte la muestra del papanicolau y bueno, la absoluta incomodidad de ver al doctor sentado con la cara precisamente entre tus piernas, mirando fijamente a la Doña.
Pero ahí no queda todo... luego te bajan la batita y te tienen que aplastar las Juanas por todo lado con brazo abajo, brazo levantado, para el lado izquierdo, para el lado derecho y terminan con pellizcón en el pezón para verificar que no emerja ningún líquido indebido. Disculpen que sea tan gráfica chicos, pero es la única forma de que entiendan esta incomodidad. Y todo mientras el doctor te conversa de política, el clima o de literatura.
Hace un tiempito visité un ginecólogo recomendado por una amiga y éste si que encontró la mejor manera de agregar algo mas al bochorno tradicional. Pues resulta que proyecta a la Doña en una pantalla gigante, mientras te hace todo el chequeo. Se imaginan el impacto de ver a la Doña, aquella que la mantenemos cubierta, pero que al fin y al cabo no conocemos tan bien -pues se requiere de extremas posiciones para poder verla y ni siquiera del todo-, derrepente ahí, en pantalla gigante, en todo su esplendor... y luego tener que apreciar, no solo sentir e imaginar, todo lo que le hace el doctor a la pobre. DEMASIADO. No necesito de la pantalla gigante para nada.
Y les tengo que contar que la cosa se pone peor a partir de los 40, pues ya no sólo te harán el chequeo de las Juanas con la mano sino que pasarás a hacerte la famosa mamografía. Como explico que, tener que colocar a la Juana, abundante ella, sobre una bandeja, con ayuda de una o un profesional, que la acomoda a su antojo para que encuentre el mejor ángulo, para luego tener que ser aplastada de la manera mas brutal por una lámina de metal que la mantiene inmovilizada, tanto de frente como de costado! que les puedo decir, básicamente que no entiendo como logran tomarse una mamografía mis amigas 32 ó 34 A.
Que cosas tenemos que sufrir las mujeres... al menos a ellos los mandan al proctólogo. Algún equilibrio tiene que haber no?
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