miércoles, 11 de mayo de 2011

Día de la Madre

El Día de la Madre siempre me ha producido sentimientos contradictorios.  De un lado, desde que soy madre, es cierto que me gusta la idea de recibir regalitos, pero desde el otro, toda la parafernalia comercial que se arma alrededor del bendito día, me pone un poco de mal humor.

Primero que nada, no hay cosa mas espantosa que todas estas propagandas comerciales donde asimilan el rol de la mamá con el rol de ama de casa.  Nada mas lejos de la realidad.  Entonces me indigna que ofrezcan electrodomésticos con rebajas por el día de la madre, como si las refris sólo fueran a contener productos de uso exclusivo para nosotras y no también productos que serán ingeridos por el amoroso padre que se le ocurrió regalar la refri... los combos ofertas de tostadora con sanguchera y hervidor de agua, es que gracias a Dios a mi esposito no se le ha ocurrido venir con estos productos porque se los hubiera lanzado por la cabeza. 

¿Y qué me comentan de todas las modelos flacuchentas que salen en las revistas de Ripley y Saga que me llegan junto con El Comercio?  No me fastidien! esas no son las madres típicas! las madres típicas no tenemos las tetas perfectas en su sitio y en el tamaño adecuado.  Ni le quedan los jeans tan perfectos como a la "mamá moderna" ni se visten tan fashion como la "mamá ejecutiva"  ¿Porqué la discriminación?  Mas me identificaría si me pusieran a una mujer normal, no con una belleza exuberante, sino con sus kilitos de más, precisamente porque así quedaron después de dar a luz a sus hijos.

Las flores son caso aparte y aquí, probablemente me digan que entro en contradicciones, pero sí me gusta recibir mi ramo de flores por el Día de la Madre.  En mi caso particular, tengo que aferrarme a las fechas símbolo para recibir flores, porque a mi esposo ese gesto no le brota naturalmente, no porque no sea de detalles (que bueno, en realidad no lo es...) pero específicamente porque dice que la casa huele a cementerio!  Hace mucho tiempo que tuve que ponerle las cosas muy en claro y exigir que el timbre suene con un ramo de flores en ocasiones especiales, leáse: mi cumpleaños (no siempre porque a veces estamos en la playa), el día de San Valentín (que es digno de otro post, así que no opinaré nada sobre el tema) y en nuestro Aniversario.  Así que inmediatamente salí embarazada (tal cual, sin haber dado a luz) agregué otra fecha en el calendario de obligatorios: el Día de la Madre.  Para darle mérito a mi esposo, salvo alguna que otra excepción, cumple fielmente con el acuerdo y me llegan mis florcitas para mi beneplácito, en las fechas antes mencionadas.

Otro rollo es la organización de qué hacer.  Y lo cierto es que resulta medio problemático el tema, porque a uno le gustaría tener el rol protagónico en la fecha, pero mientras hayan madres mas viejitas que uno para ser celebradas (leáse, mamá y suegra), pues lo cierto es que uno deja de ser el centro de atención.

Hace un tiempo con mi familia política instauramos los desayunos del Día de la Madre como celebración oficial, de forma tal que no hubieran desertores a la hora del almuerzo.  Y mal que bien, ha ido funcionando.  Claro tenemos que dar de azotes a los maridos para que entren a la cocina y se encarguen de calentar los tamales, abrir los panes y colocar las servilletas y no terminar nosotras atendiéndolos.  Pero cuando por alguna razón ha decaído en número el sector masculino presente, hemos terminado, mis cuñadas y yo, auto atendiéndonos y atendiendo a mamis y suegras.  No vale pues.  Agréguenle a este hecho que mi esposo nunca se entera de que nos toca llevar, así que quien corre el día anterior a Wong soy yo y él básicamente se despierta y recuerda esa misma mañana que algo había que llevar y me pregunta tímidamente que es lo que llevaremos.

El almuerzo aún mas complicado.  Odio salir a almorzar a la calle en esas fechas. Todo está repleto.  Nadie te hace reservas.  Te atienden mal o pésimo.  Y si de alguna forma te quieres arriesgar ante la falta de opciones, pues tienes que comerte el chancacón de carne en El Hornero a las doce del día, para no encontrar tumultos, cuando todavía no has digerido el tamalito del desayuno.  Hemos probado varias alternativas.  Una de ellas, la mas simple, pedimos chifa.  Pero la magnitud de pedidos rebasa las capacidades de cualquier lugar, así que el pedido llegó, aquella vez, como a las 4:00 p.m. donde por poco y nos comíamos los recipientes de la comida.  Al año siguiente optamos por ir a comprarlo y traerlo a casa, se redujo el tiempo de espera, pero sus buenos 45 minutos sentados esperando tuvimos.  Quise cambiar la opción de chifa por pasta y compramos pastita especial, con salsas maravillosas de un conocido restaurant de comida italiana en la Av. Dos de Mayo en Miraflores.  Excelente por supuesto.  Pero quien creen que tuvo que hervir la pasta y calentar todas las salsas... efectivamente, son muy hábiles, fui yo.  Así que trabajé mas de lo que trabajo cualquier domingo, donde normalmente me sacan a pasear.

Así que esta vez pensé concienzudamente que comida era la única en la que yo podría dejar de estar involucrada en su preparación.  Pues la respuesta es obvia.  La Parrilla.  Así que esta vez, mi esposito se lució con su parrilla.  Por supuesto, el sábado a las 10:00 p.m. me preguntó que pondríamos en la parrilla, cuando estaba claro, yo ya me había ocupado de comprar la diversidad de productos alimenticios que ingeriríamos ese día.  En fin... cosas del Orinoco que tú no sabes y yo tampoco.

Hay un hecho puntual y rescatable en este evento comercial denominado el Día de la Madre.  Las sorpresas que te dan las hijas.  ¡Es demasiado!  Ellas sí que se esmeran en prepararte una tarjeta hermosa, en hacerte algún regalito con reciclables o pintarte un cuadro o modelar una flor en cerámica en frío.  Y se preocupan de esconderlas y corren el domingo temprano por la mañana para traerte el regalito, decirte "Te amo Mamá" y cantarte una canción o recitarte un poema.  Lo cierto es que... sólo por ese momento... bendito sea el Día de la Madre.

martes, 3 de mayo de 2011

La maratón del domingo...

Definitivamente no soy una deportista.  Una debe reconocer humildemente sus puntos flacos y claramente éste es uno de los míos.  No por culpa de mi madre, que siempre intentó que su hija sienta cierta afinidad con el deporte, pero yo me inclinaba mas a los cuentos y rompecabezas.  Primero me metió a ballet.  Me compró el tutú, la mallita y toda la parafernalia para estar hermosa.  Fui a una clase y me molestó mucho que me hicieran caminar de puntas como mariposa.  Le dije a mi mami que parecía una tonta y no hubo forma de que me llevara de nuevo. Probó con natación.  A la primera que me hundieron la cabeza para aprender a respirar, me dio ataque de pánico y no hubo forma de que me llevara de nuevo.  Probó con voley en el colegio.  No podía nunca hacer un saque.  Me cayó la pelota en la cabeza, me piqué y no hubo forma de que me llevara de nuevo.  Me metió en basket.  Ayuda a que los chicos crezcan, me diijo.  Recibí una bola con el dedo rígido, me rompí el dedo, lo entablillaron y no hubo forma que me llevara de nuevo. 

Me metió a tennis.  Me parecía divertido.  Pero no contaba con las habilidades del caso.  Sin embargo, como íbamos a la academia de Buse que quedaba en la Av. Angamos en San Isidro, el profesor era churro e íbamos varios del barrio, duré un poco mas.  Pero era un espectáculo.  Casi como poner a un claun jugando tennis antes de los verdaderos jugadores.   Corría concentrada con la raqueta en la posición debida para darle a la bola y claro los ojos fijos en la bola que venía y se me acababa la cancha y la raqueta se incrustaba en la pared.  En otra jugada llegaba a darle a la pelota pero por alguna extraña razón mi raqueta salía volando de mis manos junto con la pelota.  Nunca pude hacer un solo servicio.  Esa capacidad de lanzar la pelota al aire, mirarla y mover la raqueta... eran como muchos movimientos a la misma vez.  O la raqueta se iba para atrás, o la pelota me caía en la cara o terminaba yo en el suelo.

En el colegio mis amigos tenían claro que era buena para el grupo de estudios pero no para formar parte de cualquier equipo de deportes.  Por supuesto siempre quedaba entre las últimas que escogía el capitán de turno para formar parte de su equipo.  Un desastre a todas luces.

Y que decirles de correr.  Lo odiaba con toda mi alma.  Mi mami me apañaba.  Me conseguía los certificados médicos que me impedían correr, siempre soportándome en el hecho que soy asmática.  Quizás me hubiera ido mejor con el asma si me hubiera esforzado un poco mas con el deporte, pero en fin.  Nunca corrí la milla ni el test de Cooper.  Siempre presenté trabajos manuales que justificaban mi nota de Educación Física.

Resulta que este domingo se organizó una maratón de 5 kms (ya sé para los eruditos que maratón es de 42 kms, pero no sé como decirle pues) en el Pentagonito.  Literalmente fui obligada a asistir.  Los fondos recaudados al anotarse serían para recuperar áreas de un colegio de San Juan de Miraflores.  Me pidieron que asistiera con mi familia y bueno mi amiga Mónica me obligó pues.  Así que anoté a toda la familia en una aventura que para mi era casi como montañismo.

Mi esposo es un corredor nato.  De joven era parte de la selección de atletismo y ha recuperado su espacio y corre cada vez que puede.  De hecho correrá 21 kms de Adidas.  Así que me dije a mi misma, bueno alguien sacará la cara por esta familia.  Pero como soy repiña pues se lesionó una semana antes y no podía correr sino caminar.  Ni modo, caminaríamos los 4.

Levantarme un domingo a las 6:00 a.m. ya fue una cosa nunca antes vista.  Además de ello no para irme al aeropuerto sino ponerme un buzo, pero sobre todas las cosas, un sostén de deporte! era absolutamente inusual (si tengo uno... claro que nunca lo usó pero ya vieron que me fue de utilidad!)

Partimos con los ojos empijamados rumbo al Pentagonito pues tenía que llegar temprano ya que tenía que dar el discurso de bienvenida, yo, yo fui la elegida como si fuera la viva imagen del deporte, como si mi esbelto cuerpo que denota horas y horas de actividad física fuera a motivar a todos los presentes,  y bueno después de las incoherencias que solté, pues se dio la partida.

Yo pensaba que habría mucha mas gente con mis condiciones físicas y que formaríamos una gran familia caminadora bastante mas atrás de los verdaderos corredores.  Nada mas lejos de la verdad.  Creo que éramos dos las únicas que íbamos a un paso tranquilo.  Y no puedo contar a mi esposo en el grupo ya que Miranda salió disparada en el scooter y no le quedó otra que salir corriendo detrás de ella.  Yo pues, en mi grupo de uno, porque Patty que caminaba primero a mi lado se dio media vuelta y se regresó, seguí caminando.  Ni un solo polo de la empresa a mi lado.  Ni siquiera los veía a lo lejos.  Y Lara andaba en su bicicleta y yo la perseguía.  Hasta que vino la subida y la canción.  Lara ya no pedaleaba con velocidad y tuve que ayudarla un poco llevando la bicicleta (me duelen mas las muñecas que las piernas).

Debo confesar que tuve que hacer trampa.  Me resultaba absurdo hacer la ruta completa bajando el bypass y dando la vuelta cuando quedaba claro que no tenía la menor intención de competir por los premios!  seguía sin ver caras conocidas o algún polito de la empresa.  Así que con las protestas de los amigos que se habían dedicado a mantener los carteles en la ruta (labor que será la que tenga en la próxima maratón) mandé un par de ajos y no me jodan y me seguí de frente.  Mis sinceras disculpas para ellos.  Espero sepan comprender que no me encontraba en mi hábitat natural.

Finalmente llegué a la meta.  Penúltima o última.  Gracias a Dios con mi hija en bicicleta y jaloneándola así tenía el pretexto perfecto para explicar porque la demora. 

Pero bueno, llegué no? 

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