jueves, 4 de abril de 2013

Las tres fuentes de stress

Siempre he afirmado contundentemente que no sería una mujer feliz y realizada si no trabajara y me desarrollara profesionalmente, quedándome solo a ocuparme de la casa.  Incluso si me ganara la Lotto no pensaría en dejar de trabajar porque amo lo que hago.  Sin embargo, en muchas ocasiones los cargos de conciencia y las punzadas en la panza aparecen con fuerza, especialmente cuando tienes la sensación de que algo no está caminando como te gustaría.  Tengo tres grandes flancos de preocupación.
 
El primero tiene que ver con mis hijas, sin duda.  Mis hijas están creciendo y por tanto también crecen sus responsabilidades en el colegio.  Hasta el momento no había tenido mayor preocupación por las tareas del colegio y las cosas fluían naturalmente; sin embargo, este año, ignoro el motivo, mi hija Miranda no ha empezado el colegio con el ímpetu que antes tenía.  No la veo con las ganas y pasión con las que afrontaba sus tareas y es difícil poder monitorearlas a distancia.  Estoy utilizando skype para comunicarme un momento a casa, mirar su agenda y asegurarme que obedezcan las indicaciones de Rosita.  Ahora utilizo mails que llegan a la conciencia donde manifiesto mis preocupaciones y pido compromisos.  Tengo que llegar a revisar en la noche la agenda y varias veces a completar lo que no pudieron o no quisieron hacer.  Tengo que lidiar con los distraimientos y poco interés en los mensajes que les transmito.  ¡Y sólo tienen 7 y 8 años!
 
Me empieza a atemorizar el incremento de tareas y mi no presencia oportuna para ayudarlas.  ¿Qué va a pasar después?  Debo conseguir herramientas que me permitan seguir balanceando mi vida profesional con la personal.
 
El segundo tiene que ver con mi mami.  Va camino a los 82 años y los problemas médicos, aunque no graves, se han multiplicado, lo que genera que sus visitas a los médicos diferentes (cardiólogo, gastroenterólogo, reumatólogo, terapista) se realicen con mucha frecuencia.  Aunque tengo una persona que la acompaña y escucha todo lo que le recetan y encargan, me genera un cargo de conciencia fuerte no poder acompañarla.  ¡Pero sería imposible!  Tengo que seleccionar los casos importantes y darme el tiempo de ir con ella.  Y claro está, confunde medicinas, confunde citas y genera un poco de caos en el camino.
 
 
Y la tercera cosa que me genera stress es el sentir que tengo mil pendientes en casa que no logro enfrentar, como colocar la malla en el balcón, verificar que la garantía cubra la secadora de ropa que está fallando, el cambio de cortinas en el cuarto de las chicas, la alfombra que aún no mando a hacer, las cortinas de la sala, las mayólicas de la lavandería, el cambio del piso en la sala de televisión, el acta de la junta de propietarios, etc.  Me gustaría poder chascar los dedos y tenerlo todo resuelto y a domicilio.
 
Supongo que solo me queda respirar hondo y resolver de a pocos y a la velocidad que pueda los temas que se me presentan.
 
Paciencia.

1 comentario:

  1. Te sugiero que sigas tu propio consejo: respira hondo y resuelve las cosas de a pocos. Pero sobre todo te digo: apóyate en quienes tienes a tu lado y no creas que eres Atlas, pues no cargas el peso del mundo sobre tus hombros. Nadie puede.
    Si no te das ese respiro, la pegada sería mucho más fuerte.

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