jueves, 15 de septiembre de 2011

Experiencia Mistura

Bueno pues... está de moda... y yo soy borreguita, no soy antisistema como mi marido al que le basta que a todo el mundo le guste algo para que a él le parezca espantoso.  Yo no, normalmente me gusta lo que a todo el mundo y Mistura no ha sido la excepción.

Ya lo teníamos planeado desde el año pasado con mis amigos Manuelito, Pollo y Vane, con quien hicimos buen equipo de incursión en Mistura, y nos habiamos prometido que este año nos tomaríamos el día entero con el mismo fin, para probar, catar y mirar todo, absolutamente todo lo que se expusiera en Mistura.  Ya teníamos eso planeado pero para variar, se nos pasó la vida y ya no encontrábamos entradas.  Mi amigo Pollo fue el encargado de buscarlas y sí que sufrió y pagó con creces el plantón del city tour del mes de julio.  El próximo año tendremos que organizarnos mejor porque sino Pollo no querrá ir a comprar nada.

Ya con esta organización encaminada, me agarra a mitad de camino una espontánea organización de los amiguitos de la Holding, a la que, por supuesto, no me pude negar en absoluto.  Así que el lunes por la tarde fue mi primera incursión 2011 a Mistura.

Eramos un alegre y variopinto grupo de 15 personas las que fuímos juntos a Mistura.  Parte de ese grupo ya tenía la experiencia del año anterior por lo que manejaban un organizado sistema de adquisición de productos alimenticios e ingesta comunitaria de los mismos.  Pues nosotros acatamos y después de comprar de manera equitativa la misma cantidad de tickets a consumir en el día, se armaron varios equipos, en los cuales una parte buscaba varias mesas y sillas que acomodar y otros tantos nos adentrábamos a las mismísimas entrañas de Mistura y sus largas colas, con el objetivo de aparecer en la mesa con al menos dos potajes que compartir.

Mi decisión fue irme por la cocina rústica, al fin y al cabo uno a diario no puede comer pachacamanca o caja china o ese chancho aplastado por una reja de tortura, pero lo cierto es que la tortura eran las kilométricas colas formadas por personas que pensaban igual que yo.  Decidí armarme de paciencia y permanecer tranquila en la cola, pero todos los grupos de comandos habían regresado al centro de operaciones con sendos productos, excepto yo.  De hecho, el que se suponía que era mi compañero de adquisiciones, había escapado disimuladamente de la misión, no sólo sin traerme el chilcano que había sido enviado a comprarme sino que además lo encontré bebiendo varios de manera despreocupada.  Pues la pachamanca nunca llegó a la mesa, pues ante el apetito generalizado, recibí la instrucción expresa del Chino Izquierdo de abortar la misión, así que me dirigí al centro de operaciones con el ánimo de empuñar mi tenedor sin piedad ni para con los platos ni para con mis compañeros de mesa.

Variedad de potajes circulaban de manera organizada en sentido horario, mientras cada uno sumamente concentrado, clavaba su tenedor, degustaba del manjar y esperaba el siguiente plato para clavar nuevamente su tenedor y aportar un poco de sus babas al potaje.  Quizás esto le dio un sabor especial, porque lo cierto es que salvo los tamalitos cusqueños que sólo fueron del deleite de quien los recomendó, es decir Danielito, todo lo demás estuvo de primera.  Para casi todos digo no, porque pobre Bruce Lee.

Bruce Lee formaba parte del grupo de los 15, turista angloparlante de raza asiática adherido al grupo por el buen Manuel Monasi.  No tuvo oportunidad de opinar sobre el sistema de ingesta de alimentos y de hecho nos debe haber calificado de tercermundistas al ver como compartíamos las babas sin ningún tipo de pudor, a pesar de las pandemias de diversas cepas de gripe que han venido asolando a toda la población.  Sólo vi a Bruce Lee ingerir un pedazo de sandwich de jamón del Queirolo y unos algodones dulces de colores.

Luego, cuando nos encontrábamos en la etapa de postres, tuve la oportunidad de ver reflejada claramente la variedad de edades y status civil de los participantes.  De la manera mas inocente la cuarentona, o sea yo, planteó 3 posibilidades excluyentes para terminar el día: Ir a pasear el mercado (que a mi me parecía yuhuuu que súper plan), hacer la cola para el pan (wow para sorprender a todos en casa) o pasar por los cafés y chocolates (hacía frío, no?).  Pues sucede que había una cuarta opción que ni siquiera se me pasó por la cabeza como una posibilidad que era la de ir simplemente a tomar Pisco Sours a Huaringas.  Plop.  Les queda claro donde fueron todos no?  Tuve que huir de manera disimulada con Denis, que sin ser cuarentón compartía los mismos intereses que yo, a capturar un café Tunki y una variedad de chocolates para compartir.  En fin... los años pesan.

Mi incursión del miércoles fue un poco mas homogénea.  Empezó a las 11:30 a.m. con un brillante solcito que te dirigía de manera directa hacia las chelitas y los cebiches.  Todo compartido, pasaron delante de 4 personas pachamanca, cebiche de Sonia, cebiche de los Piratas, chicharrón, pan con jamón del Queirolo, arroz thai con chanchito de Osaka, lasagna huancaína de Piacere, el trío norteño que consistía en tamalito verde, seco de chabelo y cabrito, aderezado con chilcanos de pisco en cantidades ingentes.  Hasta ahí llegó mi capacidad.  Pero no subestimen al grupo, llegó una carapulcra de las Brujas de Cachiche, el arroz con pato crocante de Amoramar, choncholí y rachi de no sé donde, otro tamalito verde, nísperos dulces del mercado, rissotto de seco y rissoto de chupe de langostinos.  Yo ya no podía ni oler la comida.  Pero bueno había que ir por el cafecito Tunki y unos chocolates de pistacho y sal de Maras. Unos churros rellenos, el turrón cholo para llevar y para cerrar, antes de irnos, como para que se acaben los tickets, el Chi jau kuy del San Joy Lay.  Algunos comieron sin quejarse.  Yo solo probé una cucharita.

En todo caso, esta vez si paseé por el mercado con mis amigos contempóraneos, aunque finalmente no compré nada y me dio flojera hacer la cola del pan.  Pero Vanessa parecía que estaba de ofertas en un centro comercial de moda y adquirió desde chonta hasta aguaje. 

Ambas experiencias igual de divertidas! así que hasta el próximo Mistura, al que nuevamente iré sin mi esposo, quien antes prefería estar en el desalojo del techo de Polvos Azules que en Mistura.  jajaja!

Lo cierto es que hoy almorcé frutita... servirá de algo???

3 comentarios:

  1. Soy un poco como Arturo: huyo de esas aglomeraciones de gente, que siento que van más motivadas por la novelería que otra cosa.
    Creo que pasarán años antes de que me dé una vuelta por Mistura, ja, ja.

    ResponderEliminar
  2. Que bello escribes. Me gustó mucho tu artículo.

    Saludos.

    Erick Romero Pacaya

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias Erick! que bueno que disfrutes del blog!

    ResponderEliminar

Si quieres contarme algo... éste es el lugar adecuado! gracias por comentar!

Seguidores

Seguir por correo electrónico