Estoy francamente indignada con lo sucedido el sábado después del Clásico del fútbol peruano. Como madre que soy, me solidarizo con la mamá de Walter Oyarce e imagino la infinita pena y rabia que debe sentir al perder a su hijo de esta manera tan violenta e injustificada.
Este hecho deleznable ha hecho que se nos caiga la farsa de que estando en un palco nos mantenemos al margen de la violencia y podemos estar seguros. Esta imagen tenía yo de los palcos. De hecho, ese sábado, dos hermosos amiguitos de mi hija, de 6 y 7 años, fueron con sus papis a ver el fútbol que aman e invitaron a mi esposo y mi hija, quienes por razón de trabajo de Arturo no pudieron ir. ¡Pero mi hija de 7 años pudo estar presente ahí!
Se imaginan la decepción que sufren dos niñitos amantes del fútbol que empiezan a compartir un espacio con sus padres, que lo sienten propio, cuya hinchada se empieza a formar en función de las simpatías de sus papis, que tienen la expectativa de disfrutar de estos espectáculos y que ahora se les haya tenido que decir que por mucho tiempo en adelante no podrán ir de nuevo al estadio.
¿Cómo estos niños pueden entender ese nivel de violencia y barbarie? ¿Cómo les explicas que hay personas desadaptadas con sentimientos viles y bajos? ¿Cómo les explicas que el deporte, que siempre ha sido sinónimo de vida sana, no lo es cuando se trata del fútbol? ¿Como explicarles que hay gente sin escrúpulos y sin valores que destruyen una vida humana sin piedad alguna, en nombre de una hinchada? ¿ Cómo hacerlos entender que sus ilusiones de estadio desaparecen por culpa de este lúmpen?
Esto es injusto para la familia de Walter Oyarce. Imagino totalmente su dolor y frustración. Nada es comparable con lo que ellos sienten. Pero es también injusto para todos nuestros niños a quienes les queremos inculcar una vida sana con deporte. Nos quitan espacios de recreo, nos quitan ejemplos de vida.
¿Qué podemos hacer para que esto cambie? ¿Todo se soluciona vetando al Estadio Monumental? ¿Se puede ir a un clásico en el Estadio Nacional? ¿Convertiremos a Walter en un ícono, en un héroe para luego de un año olvidarlo como pasó con Paola, la que fue lanzada de una combi por Bolón? ¿Qué reales medidas va a tomar el Gobierno para que esta situación termine definitivamente? El otro día escuchaba en una radio comentar que en Inglaterra, gracias a la firmeza de las medidas que en su momento tomó Margaret Thatcher logró acabar con los Hooligans. Y comentaban que necesitamos una "demodura" no una "demoblanda".
Espero que lo sucedido no quedé en nada. Espero que esa vida perdida, esos sueños truncados, sirvan para lograr un cambio en el país, en beneficio de los niños. Que nuestros niños sepan que la muerte de Walter sirvió para generar un cambio radical en nuestra sociedad. Ese es el homenaje que le podemos rendir a este chico.
martes, 27 de septiembre de 2011
jueves, 22 de septiembre de 2011
La memoria después de la maternidad
Muchas mamás coincidirán conmigo en afirmar que una vez que uno sale embarazada empieza a perder la memoria. No sé la verdad si esto tiene algún tipo de respaldo científico pero es un hecho indiscutible. Aquellas cosas que antes siempre mantenía organizadas en mi cabeza, o han desaparecido o se han mezclado entre si, encontrando fisuras y recovecos donde esconderse para que no pueda tener a la mano y cuando la necesito, dicha información.
Esto es muy serio, porque cada vez más tengo episodios enteros desaparecidos de mi cabeza y no es que no me interesen, simplemente se esfuman. Con una autonomía impresionante deciden irse, refundirse, escaparse y me dejan nuevamente en la mas completa ignorancia.
Por esa razón, me es imposible movilizarme sin un cuaderno o una libreta. Un cuaderno para temas laborales, donde anoto las conversaciones, encargos y pendientes, para luego maravillada releerlo y encontrar episodios nuevos en mi vida que han sido anotados por una mano que no parece mía aunque se parezca a mi letra. A nivel personal cargo una pequeña libretita en mi cartera donde anoto temas pendientes y encargos de la casa o de mis hijas y que además me es de mucha utilidad cuando viajo.
Lo peor de todo es que esta cabeza me hace muchas veces pensar que hice algo que nunca hice y lo afirmo con tal convicción, que confundo a las personas.
Hace poco empecé a renegar con mi esposo porque no él (no yo) no encontraba un papelito que yo le había dado, ese mismo día lo saqué de mi billetera y te lo entregué en tus manos Arturo, te pedí que fueras cuidadoso y no lo perdieras, y como siempre, vas perdiendo las cosas. Arturo completamente extrañado me miraba y hasta le ví cara de susto de pensar que podría haber perdido aquello que tan celosamente le di. Abrí mi billetera y el papelito estaba ahí, donde siempre estuvo. Nunca vio la luz, nunca salió de su lugar original. Arturo casi me mata.
También me ha pasado que he buscado desesperadamente mis anteojos, gritando por toda la casa que quien los había tomado, que iba a llegar tarde al colegio, que no podía manejar sin lentes, para luego darme cuenta que los tenía colgados en el escote, tapados por mi pañuelo.
He empezado a buscar frenéticamente mi celular cuando estaba hablando por teléfono desde él.
Y que les puedo decir laboralmente (y espero que no me lea mi jefe), hay situaciones que desaparecen completamente de mi radar. Por eso el cuadernito, porque lo leo y entonces recuerdo ese pendiente que podría olvidar para siempre.
Eso no me pasaba antes. Se los juro. Las distraídas, que perdían cosas y olvidaban situaciones y fechas eran otras. No yo. Ahora integro ese grupo. Y además en casa, estas situaciones me hacen perder credibilidad. Lo afirmo con vehemencia y me sacarán a relucir el capítulo que ya conté para hacerme ver que puedo estar confundida.
Será que como mamá incluyes tanta información adicional, que antes no manejabas, en tu cerebro y que por cuestiones de naturaleza, deben ser prioritarias. Así que de manera natural y espontánea, el cerebro tira para un costado los temas distintos a la labor de ser madre y le da prioridad a todo lo relacionado con dicha actividad. Sí. Esa es mi teoría. Por esa razón, hasta el momento no me he olvidado de mis hijas en algún lugar. Tampoco he omitido recogerlas del colegio cuando tenía que hacerlo o de una fiesta o simplemente de la casa de una amiga. No me olvido de comprar los regalitos que necesitan llevar a los santos y tampoco me olvido de los encarguitos que me hacen.
Asi que esa debe ser la razón. Me pregunto si a los hombres les pasa lo mismo.
Esto es muy serio, porque cada vez más tengo episodios enteros desaparecidos de mi cabeza y no es que no me interesen, simplemente se esfuman. Con una autonomía impresionante deciden irse, refundirse, escaparse y me dejan nuevamente en la mas completa ignorancia.
Por esa razón, me es imposible movilizarme sin un cuaderno o una libreta. Un cuaderno para temas laborales, donde anoto las conversaciones, encargos y pendientes, para luego maravillada releerlo y encontrar episodios nuevos en mi vida que han sido anotados por una mano que no parece mía aunque se parezca a mi letra. A nivel personal cargo una pequeña libretita en mi cartera donde anoto temas pendientes y encargos de la casa o de mis hijas y que además me es de mucha utilidad cuando viajo.
Lo peor de todo es que esta cabeza me hace muchas veces pensar que hice algo que nunca hice y lo afirmo con tal convicción, que confundo a las personas.
Hace poco empecé a renegar con mi esposo porque no él (no yo) no encontraba un papelito que yo le había dado, ese mismo día lo saqué de mi billetera y te lo entregué en tus manos Arturo, te pedí que fueras cuidadoso y no lo perdieras, y como siempre, vas perdiendo las cosas. Arturo completamente extrañado me miraba y hasta le ví cara de susto de pensar que podría haber perdido aquello que tan celosamente le di. Abrí mi billetera y el papelito estaba ahí, donde siempre estuvo. Nunca vio la luz, nunca salió de su lugar original. Arturo casi me mata.
También me ha pasado que he buscado desesperadamente mis anteojos, gritando por toda la casa que quien los había tomado, que iba a llegar tarde al colegio, que no podía manejar sin lentes, para luego darme cuenta que los tenía colgados en el escote, tapados por mi pañuelo.
He empezado a buscar frenéticamente mi celular cuando estaba hablando por teléfono desde él.
Y que les puedo decir laboralmente (y espero que no me lea mi jefe), hay situaciones que desaparecen completamente de mi radar. Por eso el cuadernito, porque lo leo y entonces recuerdo ese pendiente que podría olvidar para siempre.
Eso no me pasaba antes. Se los juro. Las distraídas, que perdían cosas y olvidaban situaciones y fechas eran otras. No yo. Ahora integro ese grupo. Y además en casa, estas situaciones me hacen perder credibilidad. Lo afirmo con vehemencia y me sacarán a relucir el capítulo que ya conté para hacerme ver que puedo estar confundida.
Será que como mamá incluyes tanta información adicional, que antes no manejabas, en tu cerebro y que por cuestiones de naturaleza, deben ser prioritarias. Así que de manera natural y espontánea, el cerebro tira para un costado los temas distintos a la labor de ser madre y le da prioridad a todo lo relacionado con dicha actividad. Sí. Esa es mi teoría. Por esa razón, hasta el momento no me he olvidado de mis hijas en algún lugar. Tampoco he omitido recogerlas del colegio cuando tenía que hacerlo o de una fiesta o simplemente de la casa de una amiga. No me olvido de comprar los regalitos que necesitan llevar a los santos y tampoco me olvido de los encarguitos que me hacen.
Asi que esa debe ser la razón. Me pregunto si a los hombres les pasa lo mismo.
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