Conversando el fin de semana con Vanessa y Andrea, nos reíamos mucho sobre la amplia gama y variedad de productos que ofrece el mercado para ocultar todas las imperfecciones de nuestro cuerpo y vernos bellas, evitando recurrir donde un cirujano. Lo cierto es que no creo en ninguno de esos productos, pero debo confesar que he caído en la tentación y algunos los he comprado... y por supuesto me ha ido pésimo. Aquí les cuento mis experiencias.
1.- Las Pantys: Este producto mágico tiene por objeto aplastarte la barriga, que desaparece misteriosamente, te reafirma los glúteos y te los levanta, haciéndote ver con un cuerpo maravilloso aunque no lo tengas. Nada mas falso. Primero que nada, si tienes una barriga protuberante, así la panty te la aplaste, por leyes naturales, esa carne tiene que desplazarse a algún lado de tu cuerpo, el resultado es que si bien no tienes la panza en donde estaba antes de la panty todo el mondongo se desplaza hacia arriba y por supuesto pareces de inmediato un muffin de Starbucks. Agrégale a esto que te demoras media hora en colocártelas de lo duras que son, entonces, yo que soy pilona, cuando iba al baño, me las lograba bajar sudando y muriendo pero no podía subirlas de nuevo! Estoy firmemente convencida en que este tipo de pantys le debe funcionar a mi amiga Vane que es flaquita y tiene como 100 gramos que aplastar en la barriga, pero a mí... definitivamente no.
2.- Los batidos bajadores de peso: He pasado por muchas marcas de éstos, algunos que pasaron a la historia y otros que están teniendo mucho éxito hoy en día. No pretendo malograrle el negocio a mi amiga Jessica de ninguna manera. Mi opinión no es general sino básicamente comparto lo que fue mi experiencia personal con el último batido que ingerí. Debe ser que tengo un karma con todo el tema de las dietas. Pues compré mi batido y unas pastillas que debían controlarme la ansiedad y estaba firmemente decidida a seguir todas las indicaciones del caso para bajar los kilitos de mas. Me fue desastroso! Me vinieron unos mareos y vértigos que no comprendía porqué los tenía, me gasté una fortuna con otorrinos larigónlogos y exámenes, que creo que me hubiera sido mas provechoso usar todo ese dinero y pagarme una lipo.
3.- La faja de látex post embarazo: Esta era infalible. Era de un material irrompible, a prueba de balas (en realidad de rollos) ideal para colocar las carnes en su lugar después del embarazo. Por supuesto corrí al lugar recomendado y compré la bendita faja. El ponérmela era todo una actividad. Requería de dos ayudantes al menos para que yo me tirara en la cama sobre la faja, una jalara la faja de cada lado con muuuucha fuerza, hasta lograr que llegue al centro y pueda abrocharse. A veces se necesitaba a una tercera persona integradora que ayudara a abrocharla. Después, una o todas las ayudantes, tenían que darme la mano para poder pararme de la cama. Parecía una barbie. Pero no de lo regia, sino de la falta de movilidad que tenía en el torso con la faja puesta. Además tenia dos grandes inconvenientes. Se me generaban unas "hualdrapas" en la espalda que emergían por encima de la faja y no había como esconder (Hualdrapas: dícese de ese amasijo de carnes innecesarias que podemos tener en la espalda o en los brazos cuando estamos subidas de peso) y las teterecas quedaban como colocadas en una bandeja. Llegaban antes que yo a cualquier lado... quizás como una cuadra antes. Apuntaban al mundo con un desparpajo poco apropiado para una madre lactante. Era demasiada exuberancia, mejor dicho, era grotesco. Y para colmo de males, queridos amigos, el pinche látex me dio una alergia que ni les cuento! y le tuve que quitar a mi hija el desytin del potito y ponérmelo en la panza para recuperarme.
4.- El calzón levanta potos, he comprado algunos de Leonisa que se veían muy hermosos por el catálogo. Están nuevecitos y hasta con etiqueta. El problema del muffin se genera inmediatamente. Interesadas comuníquense que están a disposición.
5.- Los sostenes oculta tetas, claro, las oculta cuando te lo pones, pero sigues caminando y por lo menos las mías que tienen vida propia y con quienes ya he dejado de discutir, deciden salir a conocer el mundo de inmediato y termino exhibiendo a dos niñas asomándose por el escote y un sostén que las parte en dos. espantoso.
Y éstas han sido mis humildes experiencias... básicamente porque no he sucumbido a todas estas propagandas televisivas tipo LLAME YA! que te ofrecen toda clase de artefactos vibradores que puedes colocar en barrigas, glúteos y piernas y te exoneran de horas de gimnasio. ¿No han visto la reciente propaganda en televisión de un aparato llamado Bio Shaker? que ejercita, acelera, tonifica y elimina...¡jajaja! la verdad es que me he muerto de la risa, no entiendo como una modelo puede salir en televisión promocionando ese producto.... es realmente bochornoso.
¿Quién se anima a compartir sus experiencias?
lunes, 28 de febrero de 2011
jueves, 24 de febrero de 2011
Los pelos mas allá de la cabeza
Me pregunto a veces si debí nacer en Francia y andar así por la vida con largas melenas debajo de las axilas y en otras partes del cuerpo, sintiéndome igual sexy y hermosa. Lo cierto es que ello no fue así.
No tengo idea a quien se le ocurrió esa idea de tener que extirparnos del cuerpo todas las vellosidades posibles en lugar de procurar decorarlas con trenzitas, ganchitos y moños. Sé que ahora nos suena terrible, pues de tan solo imaginarte esa cantidad de pelos en las piernas, la sensación de asco que nos produce a nosotras mismas y a los hombres, pues no la podemos poner en tela de juicio. Pero lo cierto es que se trata de un tema cultural. Y utilizo Francia como ejemplo, porque es el primer pensamiento que se me viene a la mente cuando se trata de imaginarme a mujeres peludas. A lo mejor estoy exagerando y no es así, pero lo cierto es que tengo una clara imagen de una señora francesa, tía de una amiga mía del colegio, con quien alguna vez fuí a un club de Lima y quedé impactada al ver en cada axila una melena semejante a la barba de un judío ortodoxo y que con tanta desfachatez se sentara a tomar sol con los brazos arriba. Y peor fue mi espanto cuando bajé la vista y en aquella zona (yo sé que saben a que me refiero), brotaban fuera del bikini, una maraña frondosa que llegaba casi hasta 10 centímetros después de lo cubierto y que estoy segura que al tratarse de zona nunca antes talada, en cualquier momento podría haber estado apta para declararse una reserva nacional protegida, algo así como Pacaya Samiria. Pero lo cierto es que mientras yo tenía arcadas, la mujer tomaba sol de lo mas feliz.
Deberíamos investigar en internet quien fue la primera mujer que se depiló. No tengo idea como se le pudo pasar por la mente al ver todos esos pelos colocados en ciertos lugares de nuestro cuerpo por obra del Divino Señor, que mejor estaría sin ellos. Y en un claro desafío a la naturaleza decidió pasarse una navaja o cualquier otro elemento punzo cortante de efectos similares y eliminarlos de la faz de su cuerpo.
¿Se imaginan a esta mujer adelantada a su época, paseándose por las playas o por los malecones, en faldas o shorts, sin un solo pelo en las piernas? ¿Que habrían dicho las otras mujeres peludas que la verían caminar? Mira a esta mujer tan rara que no tiene pelos, el sol le va a hacer daño, si se cae, no tendrá ninguna protección en sus piernas, etc. ¿En qué momento las demás mujeres asintieron pensando que se veía hermoso y corrieron a hacerse lo mismo? En realidad no tengo idea. Pero me queda claro que gracias a ellas, hoy por hoy necesitamos en nuestra casa todo un arsenal de productos: cera en frío en láminas, cera en caliente para el microondas, cremas depiladoras, depiladores electrónicos, simples rasuradoras, pinzas y por supuesto, múltiples cremas hidratantes para después de la depilación.
Y seamos honestas, aunque coincido plenamente en que se nos ve mejores sin tanto pelo,¡no me van a decir que no es una tortura pasar por estas frecuentes depilaciones! primero que nada, la mayor parte de los métodos depilatorios duele muchísimo y los que no, como la rasuradora o las cremas depilatorias, no te sacan los vellos de raíz por lo que a los pocos días han vuelto a salir, pero además con una fuerza esplendorosa, ennegrecidos ellos, revitalizados, apuntando de frente sin temores, casi como armas mortales que te pican al solo tacto, unas crines espantosas pues! ¿entonces que nos queda? pues la odiada, temida y a la vez amada cera caliente (la cera en frío la probé y no saca todos los vellos y te deja las piernas pegajosas por un buen tiempo).
No hay nada peor que la cera caliente. Hay algunas artistas que han aprendido a utilizarla en la intimidad de su hogar. Probablemente a escondidas del marido, porque no debe haber mayor anticonceptivo que ver a la mujer tirada en la cama y bañada en cera color miel y con una expresión desgarradora de dolor. Definitivamenre no pertenezco a ese grupo. No tengo esas habilidades manuales y no me atrevo ni a probarlo, porque me imagino perfectamente sacando pedazos de piel o aquellos vellos que habían sido destinados a quedarse.
Pues yo tengo que ir a una peluquería. Para que una mujer me embadurne con su cera, haga caso omiso a mis llantos y me pegué un arrancón en el que se me va media vida pero a la vez todo el pelambre que quería eliminar. Y miren que debo confesar que con los años, la depilación con cera de las piernas, ya no me produce dolor. Mi piel debe haberse insensibilizado. Pero no me he atrevido nunca a depilarme con cera las axilas ni el bozo como hacen muchas amigas conocidas.
La depilación de la línea del bikini, es otro cantar. El peor de todos. El mas odiado. El mas temido. Y siguen las iluminadas agregándoles variantes a la extirpación de pelos y surge la llamada Depilación Brasilera. Me imagino que ésta hubiera sido un buen método de tortura en la época de la Inquisición. Mi única depilación brasilera en la vida, me dejó curada del susto. Sentir la cera caliente por rincones del cuerpo que creías que no existían son palabras mayores. Las contorsiones que, sin vergüenza alguna tienes que hacer frente a la señora de la peluquería, ni que decirte. Te conoce mejor que tu ginecólogo. y después de todo el dolor que sentiste... el pensar en el momento del arrancón, te saca lágrimas por anticipado. NO! que dolor! ni cuando di a luz sufrí tanto (Ok debo confesar que fue cesárea y tuve anestesia). Salí de la peluquería con un extraño andar y la sensación de no poder soportar ni el roce de mi propio calzón de seda. Me sentía como un pollo desplumado. En absoluto pude sentirme sexy ni por un momento.
Me quedó claro que no es lo mío...
Pero como nno nací en Francia, debo continuar con la auto tortura y colocarme cera en lugares variados y sonreir ocultando las lágrimas con las que salgo digna de la peluquería para regresar al mes siguiente e incluso abrazar a aquella verduga que se encarga de mi depilación.
No tengo idea a quien se le ocurrió esa idea de tener que extirparnos del cuerpo todas las vellosidades posibles en lugar de procurar decorarlas con trenzitas, ganchitos y moños. Sé que ahora nos suena terrible, pues de tan solo imaginarte esa cantidad de pelos en las piernas, la sensación de asco que nos produce a nosotras mismas y a los hombres, pues no la podemos poner en tela de juicio. Pero lo cierto es que se trata de un tema cultural. Y utilizo Francia como ejemplo, porque es el primer pensamiento que se me viene a la mente cuando se trata de imaginarme a mujeres peludas. A lo mejor estoy exagerando y no es así, pero lo cierto es que tengo una clara imagen de una señora francesa, tía de una amiga mía del colegio, con quien alguna vez fuí a un club de Lima y quedé impactada al ver en cada axila una melena semejante a la barba de un judío ortodoxo y que con tanta desfachatez se sentara a tomar sol con los brazos arriba. Y peor fue mi espanto cuando bajé la vista y en aquella zona (yo sé que saben a que me refiero), brotaban fuera del bikini, una maraña frondosa que llegaba casi hasta 10 centímetros después de lo cubierto y que estoy segura que al tratarse de zona nunca antes talada, en cualquier momento podría haber estado apta para declararse una reserva nacional protegida, algo así como Pacaya Samiria. Pero lo cierto es que mientras yo tenía arcadas, la mujer tomaba sol de lo mas feliz.
Deberíamos investigar en internet quien fue la primera mujer que se depiló. No tengo idea como se le pudo pasar por la mente al ver todos esos pelos colocados en ciertos lugares de nuestro cuerpo por obra del Divino Señor, que mejor estaría sin ellos. Y en un claro desafío a la naturaleza decidió pasarse una navaja o cualquier otro elemento punzo cortante de efectos similares y eliminarlos de la faz de su cuerpo.
¿Se imaginan a esta mujer adelantada a su época, paseándose por las playas o por los malecones, en faldas o shorts, sin un solo pelo en las piernas? ¿Que habrían dicho las otras mujeres peludas que la verían caminar? Mira a esta mujer tan rara que no tiene pelos, el sol le va a hacer daño, si se cae, no tendrá ninguna protección en sus piernas, etc. ¿En qué momento las demás mujeres asintieron pensando que se veía hermoso y corrieron a hacerse lo mismo? En realidad no tengo idea. Pero me queda claro que gracias a ellas, hoy por hoy necesitamos en nuestra casa todo un arsenal de productos: cera en frío en láminas, cera en caliente para el microondas, cremas depiladoras, depiladores electrónicos, simples rasuradoras, pinzas y por supuesto, múltiples cremas hidratantes para después de la depilación.
Y seamos honestas, aunque coincido plenamente en que se nos ve mejores sin tanto pelo,¡no me van a decir que no es una tortura pasar por estas frecuentes depilaciones! primero que nada, la mayor parte de los métodos depilatorios duele muchísimo y los que no, como la rasuradora o las cremas depilatorias, no te sacan los vellos de raíz por lo que a los pocos días han vuelto a salir, pero además con una fuerza esplendorosa, ennegrecidos ellos, revitalizados, apuntando de frente sin temores, casi como armas mortales que te pican al solo tacto, unas crines espantosas pues! ¿entonces que nos queda? pues la odiada, temida y a la vez amada cera caliente (la cera en frío la probé y no saca todos los vellos y te deja las piernas pegajosas por un buen tiempo).
No hay nada peor que la cera caliente. Hay algunas artistas que han aprendido a utilizarla en la intimidad de su hogar. Probablemente a escondidas del marido, porque no debe haber mayor anticonceptivo que ver a la mujer tirada en la cama y bañada en cera color miel y con una expresión desgarradora de dolor. Definitivamenre no pertenezco a ese grupo. No tengo esas habilidades manuales y no me atrevo ni a probarlo, porque me imagino perfectamente sacando pedazos de piel o aquellos vellos que habían sido destinados a quedarse.
Pues yo tengo que ir a una peluquería. Para que una mujer me embadurne con su cera, haga caso omiso a mis llantos y me pegué un arrancón en el que se me va media vida pero a la vez todo el pelambre que quería eliminar. Y miren que debo confesar que con los años, la depilación con cera de las piernas, ya no me produce dolor. Mi piel debe haberse insensibilizado. Pero no me he atrevido nunca a depilarme con cera las axilas ni el bozo como hacen muchas amigas conocidas.
La depilación de la línea del bikini, es otro cantar. El peor de todos. El mas odiado. El mas temido. Y siguen las iluminadas agregándoles variantes a la extirpación de pelos y surge la llamada Depilación Brasilera. Me imagino que ésta hubiera sido un buen método de tortura en la época de la Inquisición. Mi única depilación brasilera en la vida, me dejó curada del susto. Sentir la cera caliente por rincones del cuerpo que creías que no existían son palabras mayores. Las contorsiones que, sin vergüenza alguna tienes que hacer frente a la señora de la peluquería, ni que decirte. Te conoce mejor que tu ginecólogo. y después de todo el dolor que sentiste... el pensar en el momento del arrancón, te saca lágrimas por anticipado. NO! que dolor! ni cuando di a luz sufrí tanto (Ok debo confesar que fue cesárea y tuve anestesia). Salí de la peluquería con un extraño andar y la sensación de no poder soportar ni el roce de mi propio calzón de seda. Me sentía como un pollo desplumado. En absoluto pude sentirme sexy ni por un momento.
Me quedó claro que no es lo mío...
Pero como nno nací en Francia, debo continuar con la auto tortura y colocarme cera en lugares variados y sonreir ocultando las lágrimas con las que salgo digna de la peluquería para regresar al mes siguiente e incluso abrazar a aquella verduga que se encarga de mi depilación.
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