miércoles, 26 de septiembre de 2012

La ansiedad del retorno

No entiendo porque me genera tanta ansiedad el día que debo volver a casa de un viaje.  Es como si necesitara que las horas solo tuvieran 30 minutos y poder reducir el tiempo que me separa de mi casa y mi familia. 

Esta ansiedad se me refleja por supuesto en el tiempo de anticipación que programo para llegar al aeropuerto antes del vuelo.  De tan solo imaginar que por salir tarde pueda encontrarme con un tráfico terrible de camino que me haga perder el vuelo, la ansiedad se me duplica.  Y por esta razón, por ejemplo, hoy que me encuentro en el aeropuerto de Santiago en Chile, con 3 horas y media de espera previa a la partida del avión.

A las finales esto debe resultar contraproducente, pues se me hace la espera mucho mas larga, aunque esté sentada cómodamente en un sofá de cuero de una sala Admiral, con una coca cola helada, viendo televisión (CSI que me fascina) y con wi fi gratis.

Una vez me tocó hacer un vuelo a Bogotá y el regreso era un sábado, día importante pues me permitía llegar en la noche para poder pasar el domingo con mi familia. Mis hijas estaban súper chiquitas en ese tiempo.  Había tomado un vuelo de Taca, había estado muchas horas antes en el aeropuerto, cuando llegado el momento en que esperaba el abordaje, nos comunicaron sin anestesia que el vuelo había sido cancelado y nos mandaron a hacer cola al counter para indicaciones.  Obediente yo volé hacia el counter a la espera de noticias, las que por supuesto nunca llegaban.  Tienen muy mal manejo de estos casos las aerolíneas.  En lugar de ser claros, nos tuvieron como 3 horas mas para finalmente decirnos que la falla por la cual no volaría el avión no podría ser reparada sino hasta el otro dia.   Recuerdo la indignación y frustración que me produjo ver que otros no habían respetado la cola que nos ordenaron hacer, habían logrado que los ubiquen en otros vuelos, mientras que yo, que había seguido fielmente las indicaciones, me quedaba sin ninguna alternativa.  Me prestaron el teléfono de la oficina y yo lloraba a mares mientras hablaba a Lima y decía que no podría llegar.  Que frustración que sentí.

Creo sin embargo, que esa ha sido la única vez en que me he quedado.  Si he tenido muchas horas de retraso, tanto de ida como de vuelta, e incluso en un par de ocasiones no he podido embarcarme, pero nunca me produce la ansiedad que tengo al regresar.

Así que aquí estoy, respirando profundamente, tratando de distraerme con ustedes mis lectores, engañando al reloj y esperando llegar pronto a casa y a los míos sin mayor demora.

1 comentario:

  1. Avísanos cuando llegues, no nos dejes con la intriga de saber cómo terminó esta espera.
    ¡Buen viaje!

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