sábado, 13 de agosto de 2011

El Negro

Mi primo el Negro es todo un personaje.  Y todo el que lo conoce no me deja mentir.  Siempre tuvo problemas de motora fina.  De hecho si hoy fuera un niño lo mandarían a terapia ocupacional, pero en nuestra época no existían esas cosas, asi que simplemente subsistíamos con nuestras habilidades y nuestras torpezas. 

Siempre nos reíamos muchísimo con las cosas que le pasaban.  Se caía en el lugar menos oportuno, como aquella vez que, bajando de un taxi en los Juzgados de Arenales con un elegante terno negro, se enredó en si mismo y terminó tirado patas arriba frente a miles de abogados que acudían al mismo lugar a la misma hora. 

También rompía cosas.  Donde fuera.  Bajo cualquier circunstancia, así se esmerara en tener cuidado.  Pero era su destino.  No sé si todos lo poníamos nervioso porque siempre andábamos pensando que algo se le caería y bueno por supuesto pasaba.  Una vez en un cumpleaños de nuestro querido amigo Pablo, se escuchó el sonido de una copa en el piso.  Por supuesto todos volteamos de inmediato a mirar al Negro y él muy alegre por no haber sido el culpable, levantó las manos en actitud de "Ampay me Salvo" y dijo: "¡Yo no fuí!" pero apenas las bajó, bruscamente, rompió un vaso que estaba sobre la mesa.  Simplemente el Negro.

Pero una de las mejores, que recuerdo como si fuera ayer, es cuando lo llevé a un quinceañero.  El Negro solo me lleva un año, así que hemos parado juntos toda la vida.  Era el quinceañero de la prima de una amiga, amigas del Belén, en aquel entonces colegio de mujeres, por lo que siempre era bienvenido que lleváramos galanes.  Así que fuí con el Negro y con Ricky.  Sapazos ellos, cargaban con una chatita de ron con coca cola, muy encaletada en su saco de terno que seguro les quedaba grande a esa edad.  Mi tío Pepe nos llevaba a la casa donde nos preconcentraríamos para irnos todos juntos a la fiesta.  Estábamos dentro del Volswagen naranja cuando el Negro decidió que tenía calor, razón por la que sacó el saco y lo colocó suavemente en sus piernas, pero cuando las cerró, sus fuertes aductores destruyeron la chata de ron en mil pedazos.  El olor a alcohol dentro del auto era impresionante.  Mi tío Pepe se hacía el loco, Toño pasaba la mano por el asiento para chupar lo que quedaba y Ricky, Elika y yo no podíamos mas del ataque de risa, disimulado por supuesto.  Mi tío estaciona, la casa quedaba frente a un parque y el Negro baja rápidamente para botar la evidencia, la mala puntería hace que caiga en la vereda y no en el jardín, haciendo una bulla imposible de disimular.  Pero mi tío Pepe se hizo el loco.  En ese entonces creíamos que le podíamos hacer el avión y que no se daba cuenta de nada.  Estábamos muy lejos de la verdad.   Así que entramos a la casa, el Negro mantenía el saco a la altura de los genitales, que se encontraban empapados en ron con coca cola y que hacían pensar simplemente que se había meado.  Ese es mi Negrito.

Pero no solo rompía cosas.  También se rompía él.  Y un 18 de enero del 2001 (si no me equivoco) el Negro tuvo una espantosa caída del techo de una cancha de squash en el Club Terrazas, donde se subió a recoger su pelota de tennis, sin medir el hecho que unas calaminas no serían capaces de soportar su humanidad.  Esto fue terrible.  No sé como no se mató.  Un fémur se partió en 3 pedazos, se le salió la rodilla en la otra pierna y se rompió también un huesito de la cara.  Pero estaba vivo.  Que tal susto cuando recibí la llamada de aviso.  Pobre mi tía Teresa, que en paz descanse, el susto que se dio.  El Negro perdió un ciclo entero de universidad, se aburrió mucho tanto tiempo en cama, lo operaron 3 veces al menos.  Ya está el todo reconstruido.

Han habido otras graciosas, como cuando acompañó al mercado de Lince a su mamá y se perdió y la perifoneó:  "Señora Teresa, su hijo la espera en el puesto 42"  cualquiera creeria que tenía 8 años, pero tenía veintitantos, mi tía abochornada lo recogió.  También cuando en una juerga universitaria se quedó dormido en una silla y se cayó de diente.  Se lo rompió y apareció así al otro día en un campamento.  O como cuando llevó un pijama nuevo comprado por mi tía a su primer campamento que era de lo mas chacra e informal.  Felizmente no lo sacó de la maleta.

Pero para cerrar con broche de oro, y esta historia la podría contar mejor su esposa, también paró un tren en Italia.  A quien le pasa eso?  Pues al Negro!  Se le enredó el maletín con la palanca de parada de emergencia y la jaló y el tren en pleno viaje frenó bruscamente.  ¿Se imaginan eso?  El italiano pegando de gritos, el Negro sin entender ni jota asustado y  su esposa fingiendo que no lo conoce.

Ese es mi Negro. 

Pero para que no les quede sólo un aspecto de su personalidad, debo rescatar además que es un gran profesional.  Un hombre inteligente y absolutamente confiable. Una gran persona.  Con valores y virtudes que pocos tienen.  Un gran amigo, un buen hijo, un buen padre y un excelente esposo. El que le pone chapas al mundo entero.  Apenas te ve, sin conocerte, pero es imposible molestarte con él. El Negro es mi hermano.

Te quiero mucho Negrito...

3 comentarios:

  1. Lo maximo el Negro!!!!! me acuerdo de la del Terrazas y la del diente...
    Un beso Claudita, sigue escribiendo!!!
    Erika Bedoya

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  2. Recuerdo cuando, como dices, el que se rompió fue él. Pero sospecho que hay un error en la fecha porque para 2001, creo, ya éramos colegas colegiados y todo.
    Una vez me lo encontré en una panadería, lo saludé y muy educado me contestó el saludo. Pero como me di cuenta que no tenía ni idea de quién era yo, se lo dije para no hacerlo pasar un mal rato.

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  3. Gaby claro que hay un error en la fecha!!! fue en el año 1991!!! 10 añitos de error.. jejeje

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