miércoles, 3 de agosto de 2011

Del short rojo y otras historias...

A propósito del hecho de que salí un día hasta tarde (llamando tarde a las 2:30 a.m.) y quedé al otro día totalmente destruida, me quedé reflexionando como los años pasan factura en todo aspecto, así uno no lo quiera aceptar.

No crean que me siento vieja ni mucho menos.  Cuando veo que cada vez mas gente me trata con respeto y me dice señora, me asusto un poco porque me toca aceptar que tengo 41 años y que cuando yo tenía 20 la gente de 41 años me parecía súper mayor.  Pero yo me miro en el espejo y converso conmigo misma y llego a la conclusión de que yo me siento igual que cuando tenía 20.

Hasta que salgo hasta tarde...

Bueno, siempre he sido muy amiguera, formando grupos de amigos por distintos lados, mezclándolos y volviendo íntimos al grupo de la oficina con el grupo del colegio y al de la universidad con las hermanas de mis amigas y así sucesivamente.  Además siempre he organizado eventos.  Me encanta.  Y digo humildemente que tengo capacidad de convocatoria.  De esta forma, los compromisos sociales no faltaban. 

Y han habido épocas mas intensas que otras.  Pero han habido algunas juergas memorables, como aquella en que fuimos a casa del Negro, mi primo, no sé por qué motivo, con gente de la universidad y terminamos tomando Ron con Tang (otra cosa que no hay ninguna posibilidad que pueda hacer en esta época), lo cierto es que Tania y yo regresamos a mi casa más que picadas y mi mami abrió la puerta de la cocina y nos encontró a las dos tiradas en la escalera en ataque de risa.  Por supuesto nos cayó a las dos y después de la carajeada nos preparó pan con camote para que se nos pase la borrachera.

También eran famosos los cebichitos después de exámenes.  Nos fuimos un día a una cebichería que se llamaba La Perla de las Américas (o algo así) que quedaba en Balconcillo.  No sé porque nos llegó esa recomendación ni tampoco entiendo porque estábamos bailando sobre las mesas, pero lo menos probable sucedió.  Mi mami y mi tía Pocha llegaron a almorzar a esa cebichería, que también le habían recomendado a mi tía, gran aficionada a huariques y escuchó un escándalo de bulla, cuando se asomó, su hija y varios conocidos mas, bailábamos sobre la mesa.  También hubo otra incursión a una cebichería en Pueblo Libre donde mi amiga Maria Paz terminó declamando trepada en una silla de plástico.

Mientras estaba en la universidad estuvo muy de moda la salsa erótica, esa cantada por Frankie Ruiz y Eddie Santiago, el Grupo Niche también era parte de esa época y por supuesto, con un muy buen grupo de amigos nos hicimos asiduos del Cantamérica.  Famoso salsódromo en la Costa Verde que hoy no tengo claro donde quedaba.  Por supuesto la preconcentración era en mi casa (ciertamente volvía loca a mi mami con la cantidad de gente que entraba y salía de mi casa, mil respetos por su paciencia) y de ahí, 10 mujeres trepábamos en el único automóvil del grupo, un volswagen escarabajo rojo que manejaba mi amigo Pichirro, donde nos acomodábamos en varias capas y no entiendo como entrábamos todos (cosa que tampoco podemos hacer ahora, no sólo porque ocupo más espacio sino porque la policía no te lo permitiría).  Los chicos se trepaban en un taxi y llegábamos todos a Cantámerica a memorables jornadas de baile.

Una salida de chicas fue muy memorable.  Esta vez mi amiga Norma Granthon era la única con vehículo, una vieja camioneta pick up que no tenía faros traseros.  Pero igual felices trepamos todas rumbo a la juerga.  Esta vez nos preconcentramos en casa de Ana Claire, quien guardaba celosamente en su closet una botella de Amaretto, regalo de un novio italiano (no habían muchas importaciones en esa época pues).  Nuestra amiga Norma le pidió un poco de colonia y Ana Claire despreocupada le dijo que tomara la que quisiera de su clóset.  De repente vimos a Norma bañándose en Amaretto!!! fue demasiado divertido.  Pero aún fue peor cuando iniciábamos la juerga y un policía nos paró por no tener los faros traseros y por cargar gente en la pickup.  Terminamos todas en la Comisaría de Barranco con una multa (que espero la hayamos prorrateado entre todas, la verdad no me acuerdo), le pedimos disculpas a los policías y nos trepamos de nuevo a la pickup y terminamos en un karaoke de la Calle de las Pizzas, que les juro que en esa época era decente.

Otra memorable es la historia de mi amiga Magaly.  Nos habíamos quedado varias a dormir en su casa, sin ningún plan previsto, así que tratando de ponernos las pilas, propusimos salir a algún lado.  Había mejorado la movilidad y esta vez Viviana tenía un carro Honda Rojo muy pero muy decente, casi elegante.  Magaly decaída no aportaba mucho al grupo.  Mientras decidíamos que hacer, Magaly, la alicaída, entró a su cuarto y nadie le prestó mayor atención al tema, hasta que por supuesto, la muy decaída apareció con un short rojo dispuesta a salir a matar!  fue muy divertido.  Cargamos un cooler con cervezas en la maletera y nos fuimos de lo mas desenfadadas a la calle ésta detrás de la Calle de las Pizzas donde había una discoteca cuyo nombre no recuerdo... Nos cuadramos en la puerta tomando chelas, moscardones miles nos acosaban y bueno, vino a poner orden nuestro buen amigo Erick Bellido, que nos encontró y no le gustó la situación, así que nos metió a todas al auto y nos devolvió para la casa de Magaly.  La verdad es que siempre recordamos esta historia y nos reímos a morir.

A propósito de Erick, estoy segura que él recuerda una salida con Jaimito y Tania, en la que Tania desaforada obligó a todo el mundo a tomar más de la cuenta.  Era imposible decirle a Tania que no.  De ahí se hizo famosa la frase "Chupa Maricón" que le decía Tania a Erick cada vez que se negaba a seguir tomando.  Por supuesto, pasada previa por el Pitts para comer un sanguchito y llegar un poco mejor a casa.

Después de eso, o antes o durante, hemos tenido memorables bailongos en casa de Martin y de Magaly en la playa, con coreografías del meneíto y el famoso baile sensual de la reja que patentó mi amiga Vivancucha.  Las interminables idas a Barranco.  Trepados en las mesas de Delirium para vergüenza mía que en esa época era jefe de prácticas de la Universidad de Lima y me tropecé con alumnos que me encontraron bailando sobre la mesa.  Mantener la seriedad el lunes que dictaba clases no fue cosa fácil.

Las idas frecuentes a La Noche son dignas de mención.  Una cervecita saliendo de la oficina.  Un sábado sin mucho que hacer.  Siempre te encontrabas con amigos ahí.  Como aquella vez que el Negro se cayó patas arriba en La Noche por sentarse mal en un banquito, la misma oportunidad en que mi amiga Vivi vio tan fijamente a Paul Martin que entraba al local, que éste se acercó y la saludó con un beso.


Los choritos a la chalaca acompañados de cantidades de chela, eran cosa de todos los sábados en Señoritas o Pico Alto.  Estoy segura que mi amiga Alicia recordará jornadas memorables donde nos calcinábamos felices bajo el sol, hidratadas con sendas Pilsen Callao.

También recordará Alicia la vez que nuestra amiga Cecilia nos invitó (a nosotras y a un grupo mas grande) al depa de hoy su esposo, Graemme, a tomar un buen tequila que no sé de donde había sacado (Desde aquel día la llamamos Tequilia). Todo iba muy bien hasta que se acabaron los limones y decidimos que el único producto para acompañar al tequila sería una sandía.  Muy mala idea.  Fue uno de los dolores de cabeza mas memorables que recuerdo (aparte del que tuve después de tequilear con mi amigo Jose Pinto un día cualquiera).  Alicia quedó en calidad de bulto, y su hermana Ceci y yo la llevamos a rastras a su cama y tratamos de sacarle el jean para ponerle el pijama y nos fue imposible.  No nos dejó por nada.  Ceci y yo concluimos que al menos era borracha pero digna.  Nadie le bajaría los pantalones sin su consentimiento!

Los campamentos re juergueros, donde nuestro querido Pablito Zapata hacía todo por nosotros, armaba carpas, toldos, preparaba la comida y hasta tocaba guitarra y cantaba, todo menos chupar, porque para eso éramos buenos.  La época en que salía mucho con la Pandilla del Negro (el Chino Carrillo, Vico el Inspector, mi hermanón Orly, Lore, Ricky y Claudia, Luchito) y mi primo Gino, y amigas de la oficina y Luis Valdivieso del colegio.  Esos famosos grupos mezclados que comentaba arriba, que eran un éxito de diversión.

Finalmente, muchas jornadas a puerta cerrada en el Treff de mi amigo Heinz, donde tomábamos las chelas en unos vasos gigantes en forma de bota, que una vez un gordito se quiso llevar y que tuvimos que perseguir para quitárselo.  Alguna vez saliendo del Treff con Alicia, Cecilia y el Chino, nos quedamos cantando en la esquina de Benavides con La Paz con unos tunos disfrazados que sabe Dios de donde venían.

Miles de historias simpáticas, no tendría espacio para contarlas todas. 

Pero claro, me es imposible en estas épocas repetirlas.  Mas de dos ó tres tragos me es imposible tomar.  Tengo que hidratarme antes de echarme a dormir.  Un juergón es si me quedé despierta hasta las 3 y no hay posibilidad alguna de salir a ese ritmo dos días seguidos.  Muchas veces me encuentro un sábado a las 10 p.m. en pijama a punto de caer desmayada y bueno pues… hay que aceptar que los tiempos cambian, los años no pasan en vano, y las diversiones cambian también.  Pero no por ello una época es mas linda que la otra.  Simplemente son distintas épocas, donde disfrutamos lo mas que podemos para el momento que estamos viviendo.

De eso se trata la vida… de disfruta intensamente de cada momento.

1 comentario:

  1. Leyendo esos nombres me has hecho reír. Hace años que no sé mucho de todos ellos, y aunque no eran mis amigos como para ir de juerga con ellos, los recuerdo muy bien.
    Si leen este comentario, les mando saludos.

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